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Ibn Sabín: De Ricote a La Meca, otro pensador murciano

Viernes, 19 Septiembre, 2008

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bn Sabín. Ricote (Murcia), 1217 ‘ La Meca (Arabia Saudí), 1270.

La formación del ilustre pensador del Valle de Ricote

A principios del siglo XIII el Valle de Ricote era un remanso de paz, tranquilidad y prosperidad. En este ambiente nació en 1217 en Ricote Muhyi al-Din Abú Muhammad ‘Abd al-Haqq ibn Ibrahím ibn Muhammad ibn Nasr ibn Muhammad al-Mursí al-Riqutí al-Isbilí al-Sufí Qutb al Dín ibn al-Dara Ibn Sa’bín, más conocido como Ibn Sabín.

Su familia gozaba de una excelente posición económica y social. Su padre fue alcalde de Murcia, y su hermano obtuvo grandes cargos en la vida política de Al-Andalus. Incluso hay quien se ha atrevido a proclamar que era descendiente de Alí, un yerno de Mahoma. Otros historiadores, sin embargo, lo emparentan con algún linaje visigodo.

Su primera formación la recibió indudablemente en Ricote, una villa que en esa época contaba con un grupo de filósofos musulmanes que vivían en las inmediaciones. Allí estudió Ibn Sabín humanidades y los fundamentos doctrinales del Corán.

Más tarde ampliaría este primer conocimiento con teología, jurisprudencia y filosofía. Además se educó y profundizó en el pensamiento sufí con su maestro Isaac ibn al-Mar’a ibn-Arif, especializado en el pensamiento neoplatónico.

Según parece, muy joven fundó en Ricote una cofradía de seguidores de Ibn Sabín. En ella figuraba Al-Amir Hasan Ibn Hud. Este muchacho era hijo del famoso caudillo Ibn Hud, pero prefirió la vida espiritual a la militar y política.

Ibn Sabín abandonó su tierra y se trasladó a Ceuta, acompañado por sus discípulos, que más tarde fundarían la secta de los sabiníes, muy extendida en oriente a lo largo de toda la Edad Media. En esta se hablaba de que su maestro había sido magnánimo, virtuoso, verdadero asceta, caritativo y liberal. La tradición musulmana lo reivindicó y lo consideró como hombre favorecido por la gracia divina. Ibn Sabín se instaló en un cenobio donde dedicaba su tiempo a las prácticas religiosas. Se casó con una viuda rica que le dio un hijo.

Preguntas del emperador y respuestas del musulmán

Fue tanta su fama que el gobernador de la ciudad le encomendó contestar una carta con 4 preguntas sobre filosofía que el emperador Federico II de Hohenstaufen había enviado al sultán almohade al-Rasíd. Ibn Sabín le contestó al emperador. Esta respuesta llegó hasta Federico II que sintiéndose de acuerdo con los pensamientos del pensador ricoteño le envió innumerables regalos.

Ibn Sabín los rechazó, ya que no formaba parte de su naturaleza preocuparse por los regalos ni el lujo. Pero esta misma respuesta, recogida más tarde en el libro Las Respuestas Sicilianas, hizo que Ibn Sabín tuviera que dejar Ceuta al ser acusado de heterodoxia.

Ibn Sabín en La Meca: querido y odiado

Tras deambular por varias ciudades llegó por fin a La Meca. Allí encontró los apoyos necesarios para vivir en paz. Aportó grandes servicios científicos y diplomáticos al emir, pero no renunciaría a volver a Al-Andalus. Nunca lo conseguiría.

Dicen que no se dormía sin leer al menos 30 líneas de texto de otros autores. A pesar de que eran muchos sus seguidores, se puede decir que Ibn Sabín tenía un mayor número de enemigos que de discípulos. Esto se debía a que aun viviendo en La Meca no practico la Peregrinación. Pero lo más humillante para algunos de sus detractores eran los comentarios que se le atribuían sobre La Kaaba: ¿Son como asnos, sería mil veces mejor participar en los ritos místicos que dar esas vueltas, y más fructífero para ellos adherirse a las jaculatorias¿

Se ha rumoreado mucho sobre la muerte del filósofo ricoteño. Algunos historiadores dicen que se quitó la vida para imitar la muerte de grandes pensadores griegos. Otros comentan que murió por desear verse ante Dios.

Murió en 1270, con 53 años de edad, en La Meca.

‘Alī Ibn ‘Arabi: Un Murciano que cambió el pensamiento oriental

Viernes, 19 Septiembre, 2008

Abū Bakr Muhammad bn ‘Alī Ibn ‘Arabi (أبو بكر محمد بن علي ابن عربي الحطمي)

(Murcia, 28 de julio de 1165Damasco, 10 de noviembre de 1240). También conocido como Abenarabi y Ben Arabi. Místico, filósofo, poeta, viajero y sabio musulmán andalusí. Sus importantes aportaciones en muchos de los campos de las diferentes ciencias religiosas islámicas le han valido el sobrenombre de Muhyi al-Din (محيي الدين “Vivificador de la Religión”) y as-Sheij al-Akbar (الشيخ الأكبر “Gran Maestro”). Es probablemente la figura más influyente en la historia del misticismo islámico.

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Vida [editar]

Nacido en Murcia, de padre murciano y madre bereber, se trasladó con su familia a Sevilla a la edad de 7 años. Sus estudios literarios juveniles transcurrieron entre Lora del Río y Carmona.

El ansia de saber condujo a Ibn Arabi a una vida viajera, recorriendo primero su Al-Andalus natal y luego el Norte de Africa visitando a los diferentes grupos sufíes. Más tarde visitó El Cairo y Jerusalem. Después de pasar dos años de emociones espirituales en La Meca decidió continuar viaje a Bagdad, Mosul, Konya (antigua capital del Sultanato de Rüm y una ciudad de la actual Turquía) y Damasco, donde finalmente se estableció durante 17 años hasta su fallecimiento. Su tumba, en la que después fueron enterrados dos de sus hijos, aun se conserva y es lugar de peregrinación para el mundo musulmán. Sobre su tumba los otomanos edificaron una madrasa en la que se guarda su sepulcro.

Pensamiento [editar]

Aunque los estudios orientalistas españoles lo han relacionado con la escuela de Ibn al-Arif (Abenalarif), y lo consideran más un filosofo que un sufí, los estudios de su obra llevados a cabo por autores como Michel Chodkiewicz, William Chittick, Denis Gril y en España por Pablo Beneito, muestran claramente que su contacto con las escuelas aristotélicas de Alfarabi y Averroes o la filosofía neoplatónica de la escuela de Ibn Hazm fue muy superficial.

Su obra es, ante todo, de carácter religioso; sus críticas al exoterismo religioso árido y a la filosofía plagan su obra. Pero es evidente que no es un simple “místico”: el contenido metafísico de su obra abarca desde la interpretación esotérica de la sharia (Ley Islámica) -siempre con una cierta visión zahirí como la de Ibn Hazm, pero a la que supera ampliamente- hasta una cosmología basada en la revelación divina y de su Unicidad (que fue bautizada por sus sucesores como la Unicidad de la Existencia o Wahda al-wuyud).

La doctrina de Ibn Arabi abunda en el carácter absoluto de Dios como unidad suprema. Esta niega cualquier tipo de analogía entre Dios y lo creado -por lo tanto escapando del panteísmo que le han adscrito algunos- pero también desarrollando una compleja relación de lo creado con el Creador, del que es una expresión de sus diferentes Nombres y Atributos (Allahu al-asma al-husna), que inició Sahl al-Tustari. Esta radical separación de Dios y su creación impide su conocimiento racional de Dios como Esencia, pero no impide su conocimiento a través del develamiento, o sea, de la certificación o Realización de la Realidad (Haqq) de las cosas, que no es otro que Dios. Con él el sufismo alcanza el desarrollo más refinado de la expresión de la elaboración teórica del sufismo.

Al igual que los neoplatónicos aplica una escala jerárquica de géneros y especies entre la no existencia al ser creador, que se relaciona a su vez con su idea del amor también compuesto de una serie de grados que van desde la simpatía o inclinación hasta el puro amor.

Obras [editar]

Sus obras son más de 200. Osman Yahya las ha catalogado, ha editado algunas de ellas y ha desmentido algunas atribuciones de obras como la epístola de la Unidad o el Núcleo del núcleo.

Su obra más importante es el Futuhat al-Makiyya, traducido habitualmente como Las Iluminaciones de la Meca o Las Revelaciones de la Meca, que es un compendio de metafísica islámica, aunque abarca la mayoría de las ciencias tradicionales islámicas en sus más de tres mil páginas.

Su otra obra de importancia es el Fusus al-Hikam (Los Engarces de la Sabiduría), síntesis de su pensamiento metafísico, de la unidad de las creencias y de profetología en el Islam.

Otras obras destacadas:

  • Libro del Tesoro de los amantes, Kitāb Dajā’ir al-a’lāq
  • Libro de la Política Divina, Kitāb al-tadbīrāl al-Ilāhiyya
  • Libro del descenso de los astros, Kitāb mawāqi’ al-nuyūm
  • Libro del Viaje místico, Kitāb tuhfat al-safara
  • Epístola del precepto obligatorio, Risālat al Amr al-muhkam
  • Epístola de las luces, Risālat al-anwār
  • El gran Diwan Al-Diwan al-akbar
  • El intérprete de los deseos, Taryuman al-ashwaq.
  • La contemplación de los Misterios
  • El Árbol del Universo (atribución discutida).
  • La maravillosa vida de Du-l-Nun el Egipcio
  • El núcleo del núcleo (atribución falsa)
  • El secreto de los nombres de Dios
  • El tratado de la unidad (atribución falsa).

Bibliografía [editar]

Fuentes primarias [editar]

  • Ibn Arabi (1996 (1ª edición, 3ª impresión)), Las iluminaciones de la meca: textos escogidos, Ediciones Siruela: Madrid. ISBN 8478443096.
  • – (1991), Los engarces de la sabiduría, Ediciones Hiperión: Madrid. ISBN 8475173322.

Fuentes secundarias [editar]

  • Addas, Claude (1996), Ibn ‘Arabi o la búsqueda del azufre rojo, Editora Regional de Murcia, Murcia.
  • Chittick, W. (2004), Mundos imaginales: Ibn al-Arabi y la diversidad de las creencias, Mandala-Alquitara, Madrid. ISBN 8488769768.
  • Corbin, Henry (1993), La imaginación creadora en el sufismo de Ibn Arabi, Agotado, en reedición. Barcelona: Ediciones Destino. ISBN 8423322688.
  • – (1994 (2ª edición 2000)), Historia de la filosofía islámica, Madrid: Editorial Trotta. ISBN 8481643734.
  • Izutsu, Toshihiko (1997 (2ª edición 2004)), Sufismo y Taoísmo: Ibn Arabi (Volumen 1), Madrid: Ediciones Siruela. ISBN 8478443428.

PACO RABAL: Genio y Figura

Viernes, 19 Septiembre, 2008

 

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Nacido de la nada y el trabajo

En la minera Cuesta de Gos, aldea nacida al abrigo de la sierra que le proporciona a Águilas esa  simbiosis entre la aridez de la tierra y el aire fresco de la brisa marina, nació Francisco Rabal Valera,  el día 8 de marzo de 1926,  en el seno de una familia humilde; su madre, descendiente de familia molinera, y su padre, minero en las galerías excavadas prácticamente frente a su casa.

Con  el ocaso de la minería en la zona  las gentes que de ella vivían se vieron obligadas a buscar destinos en los que paliar carencias y necesidades. Unos se quedaron cerca; otros subieron al tren de la emigración interna. Éste, precisamente, fue el destino de la familia Rabal que, tras unos años en busca de acomodo laboral, se reunieron y asentaron en lo que entonces se conocía como la ¿sierra pobre de Madrid¿ -Braojos, Gargantilla de Lozoya, La Serna¿-, situación y tiempo en que todos los miembros de la familia tuvieron que emplearse en los más variopintos quehaceres para amortiguar el golpe de las ineludibles privaciones.

Un niño obstinado en aprender

No pudieron las vicisitudes con la inteligencia natural de aquel niño que se obstinó en ir a la escuela rural de su entorno primero aún sin tener edad para ello, al tiempo que buscaba cualquier trabajo que pudiera realizar, desde recoger, para su posterior venta, la lana que los borregos se dejaban enganchada en las alambradas, hasta la venta ambulante de golosinas, pipas, juguetes de cartón y todo aquello que tuviera salida comercial entre cualquier tipo de población.

Aquellas ansias de saber que siempre lo caracterizaron fueron marcando su camino: acudió a escuelas nocturnas después de acabar el trabajo diario, buscó quien le diera clases particulares y hasta se enroló de monaguillo a cambio de que el cura le enseñara matemáticas y cultura general. Leía todo cuanto en sus manos caía, se aficionó a componer versos y declamaba en solitario ante un  imaginario público en lo que tal vez fuera el germen de aquella maestría de la interpretación que llegó a poseer.

La obsesión por ser actor

Su obsesión por ser actor lo llevó a conseguirse una recomendación del clero -¿en aquellos tiempos, la Iglesia tenía mucha influencia¿, decía- para entrar a trabajar, de lo que fuera, en los Estudios Cinematográficos Chamartín. Allí veía el joven Rabal la suerte de estar cerca de los actores y directores del momento y, por qué no, la posibilidad de que lo requirieran para algún papel de extra, aunque fuera de figurante. Se aprendía de memoria todos los guiones por si se llegaba la ocasión, y ésta comenzó a hacer acto de presencia; los cineastas de la época -López Rubio, Juan de Orduña, Rafael Gil¿- comenzaron a reparar en aquel mozalbete simpático, moreno, con aspecto y rasgos   pueblerinos, guapo¿y tal vez alguno de ellos vio en él al galán que aquella sociedad necesitaba como sustitutivo de otras carencias.

Observado con la perspectiva que da el tiempo, posiblemente pueda afirmarse que el año 1946 comenzó a trazar la separación entre un antes y un después. Dos películas, “La pródiga” y “El crimen de Pepe Conde” -aunque sin aparecer en los créditos-, y un corto papel, como meritorio, en la obra “Me casé con un ángel”, de la Compañía de Isabel Garcés, en el Teatro Infanta Isabel, fueron el inicio de una dilatada carrera de actor -repleta de grandes interpretaciones, distinciones y premios- que alcanzó su ocaso biológico el 29 de agosto de 2001, precisamente entre dos de estos reconocimientos: venía de recibir un gran premio en el Festival de Cine de Montreal (Canadá) y un par de semanas después iba a recoger otro en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.


Fuente:

Blaya Mengual, Miguel Ángel

“Paco Rabal, Genio y Figura”

Nausícaa, 2003

Biografía de Irena Sendler

Miércoles, 17 Septiembre, 2008

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El “Ángel del Gueto de Varsovia” candidata al Nobel de la Paz La Organización de Supervivientes del Holocausto residentes en Israel se ha unido al Gobierno de Polonia en la promoción de Irena Sendler para el premio Nobel de la Paz. La iniciativa pertenece al presidente Lech Kaczynski y cuenta con el apoyo oficial del Estado de Israel a través de su Primer Ministro, Ehud Olmert.

Las autoridades de Auschwitz han expresado su apoyo a esta candidatura ya que consideran que Irena Sendler es uno de los últimos héroes de la generación de nuestros padres y abuelos, una generación que ha demostrado una fuerza, una convicción y un valor extraordinarios frente a un mal de una naturaleza extraordinaria. El ganador del premio se anuncia tradicionalmente a mediados de octubre y la ceremonia de entrega se realiza invariablemente el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de su fundador, el industrial sueco Alfred Nobel. El Comité sólo puede conceder esta distinción a personas vivas. Irena Sendler cumplió 98 años el 15 de febrero.

La madre de los niños del Holocausto. “La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad”, cuenta Irena Sendler quien salvó a 2.500 niños del Gueto de Varsovia.

Cuando Alemania invadió el país en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia el cual llevba los comedores comunitarios de la ciudad. Allí trabajó incansablemente para aliviar el sufrimiento de miles de personas tanto judías como católicas. Gracias a ella, estos comedores no sólo proporcionaban comida para huérfanos, ancianos y pobres sino que además entregaban ropa, medicinas y dinero.

En 1942 los nazis crearon un gueto en Varsovia e Irene, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos, Zegota. Ella misma nos cuenta: “Conseguí, para mí y mi compañera Irena Schultz, identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde tuve éxito en conseguir pases para otras colaboradoras. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controláramos el recinto.”

Cuando Irena caminaba por las calles del Gueto, llevaba un brazalete con la Estrella de David, como signo de solidaridad y para no llamar la atención sobre sí misma. Pronto se puso en contacto con familias a las que les ofreció llevar a sus hijos fuera del Gueto. Pero no les podía dar garantías de éxito. Era un momento horroroso, debía convencer a los padres de que le entregaran sus hijos y ellos le preguntaban: “¿Puedes prometerme que mi niño vivirá?”. ¿Qué se podía prometer cuándo ni siquiera se sabía si lograrían salir del gueto? Lo único cierto era que los niños morirían si permanecían en él. Las madres y las abuelas eran muy reticentes a entregar a sus niños, algo absolutamente comprensible pero que resultó fatal para todos. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerles cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte.

A lo largo de un año y medio, hasta la evacuación del Gueto en el verano del 42, consiguió rescatar a más de 2.500 niños por distintos caminos: comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo tipo de subterfugios que sirvieran para esconderlos: sacos, cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercancías, bolsas de patatas, ataúdes… en sus manos cualquier elemento se transformaba en una vía de escape.

Irena vivía los tiempos de la guerra pensando en los tiempos de la paz. Por eso no le alcanzaba con mantener con vida a esos pequeños. Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales, sus familias. Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades.

Los nazis supieron de sus actividades. El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la infame prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja encontró una estampita ajada de Jesús Misericordioso con la leyenda: “Jesús, en vos confío”, la conservó consigo hasta el año 1979, momento en que se la obsequió a Juan Pablo II.

Aunque era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos, soportó la tortura y se negó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Le quebraron los pies y las piernas. Pero nadie pudo quebrar su voluntad. Fue sentenciada a muerte. Mientras esperaba la ejecución, un soldado alemán se la llevó para un “interrogatorio adicional”. Al salir, le gritó en polaco “¡Corra!” Al día siguiente halló su nombre en la lista de los polacos ejecutados. Los miembros de Zegota habían logrado detener la ejecución sobornando a los alemanes. Irena continuó trabajando con una identidad falsa.

En 1944, durante el Levantamiento de Varsovia, colocó sus listas en dos frascos de vidrio y los enterró en el jardín de su vecina para asegurarse que de llegarían a las manos indicadas si ella moría. Al finalizar la guerra, Irena misma los desenterró y le entregó las notas al Doctor Adolfo Berman, el primer presidente del Comité de salvamento de los judíos sobrevivientes. Lamentablemente la mayor parte de las familias de los niños había muerto en los campos de concentración nazis. En un principio los chicos que no tenían una familia adoptiva fueron cuidados en diferentes orfanatos y poco a poco se los envió a Palestina.

Los niños sólo conocían a Irena sólo por su nombre clave “Jolanta”. Pero años más tarde cuando su foto salió en un periódico luego de ser premiada por sus acciones humanitarias durante la guerra, un hombre, un pintor, la llamó por teléfono y le dijo: “Recuerdo su cara. usted es quien me sacó del Gueto.” Y así comenzó a recibir muchos llamados y reconocimientos.

En 1965 la organización Yad Vashem en Jerusalén le otorgó el título de Justa entre las Naciones y se la nombró ciudadana honoraria de Israel.

En noviembre de 2003 el Presidente de la República, Aleksander Kwasniewski, le otorgó la más alta distinción civil de Polonia: la Orden del Águila Blanca. Irena fue acompañada por sus familiares y por Elzbieta Ficowska, una de las niñas salvadas, “la niña de la cuchara de plata”, pero esta es otra historia.