Archivo para Mayo, 2008

POMPONIO FLATO

Jueves, 29 Mayo, 2008

PF

  

       Pomponio Flato es el humorístico nombre del protagonista de la última novela de Eduardo Mendoza. Una delicia entre el humor y la ternura, en forma de novela policiaca, disfrazada de novela histórica, bíblica en concreto. La leí ayer tarde de una sentada. Maravillosa, y muy bien escrita. Ni un solo párrafo alargado más allá de lo necesario, ni acortado para contentar a los lectores indoctos. Pomponio es nombre auténtico latino, pero aquí es usado en sentido onomatopéyico, en clave aerofágica, y que ustedes lo entiendan bien. En cuanto a lo de Flato, ya saben: aire interior al cuerpo humano.
            Pero Pomponio Flato no es un payaso. Es un fisiólogo experimental, que busca aguas salutíferas por el Medio Oriente, en la primera década de nuestra era. Insospechadamente, se ve en trance de aceptar cumplir el papel de investigador privado, acerca de una acusación de asesinato. El acusado es, nada menos, que José de Nazaret, carpintero. Quien contrata al filósofo ambulante es el hijo de este carpintero, un niño llamado Jesús.
            Eduardo Mendoza logra, con estilo a la vez, afectado por la índole personal de su protagonista, y a la vez clarísimo, una suerte de humor, de sonrisa inteligente, que engancha con inevitable designio a quien lee más allá de la primera página.
            Por demás, el ambiente del Nazaret sometido a dominación romana, y por extensión, el Israel entero, se encuentra nítida y sencillamente dibujado, mostrando las contradicciones propias que todo progreso trae, incluida la mezcla de culturas, religiones y pueblos. Hay respeto, no exento de objetividad, por las personas sagradas.
            El pobre Pomponio, flatulento por su servicio a la ciencia, pasa hambre, peligros, miserias, pero consigue desvelar la parte desvelable del misterio. La otra parte se desvela sola. Léanlo. Vale.    

DOS FRASES DE SAAVEDRA FAJARDO

Viernes, 23 Mayo, 2008

Saavedra Fajardo           

         Que Saavedra Fajardo fue uno de los cinco mejores escritores españoles del Siglo de Oro, es algo que ningún murciano debería dudar, y aun debía pregonarlo por donde fuese. Para ayudar a esa tarea de vender bien a nuestro Don Diego, y esperando que vayan todos a ver la Exposición que en su honor se tiene abierta en El Almudí, de Murcia, les invito a conocer y entender dos frases del insigne diplomático español.

            Una, la primera es la frase “Necia Altivez”. Un prodigio de eufonía a la española, basada en la sabia repetición del sonido interdental “z”, muy nuestro. Bien, pues el contenido hace referencia al tonto orgullo que Saavedra encontraba, de vez en cuando, por esas Europas por las que él viajaba, siempre en labios de gentes muy autóctonas, que se creían el ombligo del mundo. Casi tres siglos después, Pío Baroja diría aquello de “El Carlismo se quita leyendo y viajando”, que viene a ser lo mismo, peor dicho.

            La segunda es “Trabajosa Ociosidad”. La dice referida a sí mismo, con ocasión de contar cómo fue compilando las prosas de su obra Idea de un Príncipe Cristiano en Cien Empresas, donde reúne ciento uno consejos al Príncipe Baltasar Carlos, basados en la explicación de un dibujo o empresa, con frase en latín o español. Ya era español el idioma de Saavedra, no castellano. Don Diego empleaba su ocio, su descanso, su tiempo libre, en escribir su obra personal, pues todo su tiempo diario, hábil laboralmente, obligado estaba a su trabajo a favor de España. El escritor murciano, pues, no dejaba de trabajar nunca. Como era clérigo menor, no se casó. No tuvo más familia que las órdenes del Rey. Vale.

LA HERENCIA INVISIBLE

Sábado, 17 Mayo, 2008

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Con su libro “La herencia invisible“, Sebastián Mondéjar, músico y poeta murciano, ha conseguido el Accésit del prestigioso Premio de Poesía Los Odres (2008), que convoca la Fundación López Rejas. Se trata de un libro que sabe a naturaleza, pero con la almendra de lo humano en su interior. Andamos calles y playas, carreteras lluviosas, terrazas con macetas, junto al poeta, pero siempre notamos su mano en la nuestra, como guía de algo que no necesita guía, pero acompaña. Mondéjar busca mostrarse a sí mismo, en tanto que humano, en tanto que poeta, para llegar a nosotros. Es un poeta muy vectorial, no autodestina sus poemas a otro ego suyo, para que, por simpatía con ese otro él, nosotros, sus lectores, podamos acceder a la empatía precisa para gustar sus poemas. Ese tipo de poesía, endogámico, no es el suyo. No. Sebastián encuentra que la expresividad en sus versos ha de ser compatible con la comunicatividad sincera. Y se lanza a abrazar al lector. Y empieza por sus amigos, a los que dedica prácticamente todos sus poemas: Pepe Rubio, Pedro Marín, Sánchez Rosillo, García Montalvo y tanto otros. Luego, continúa por cada uno de nosotros, sus lectores, a los que busca en esos dísticos breves que componen no pocas de sus piezas. Hay un Mondéjar meditativo, casi filosófico, que encara, sobre todo, el paso del tiempo, preferentemente apostando por su circularidad, y un Mondéjar narrativo, en donde nos asomamos a un realismo no mágico, pero sí encantado. Es el poeta que canta a sus hijos, en tanto que ternura inmediata o que dedica el poema a su viejo amigo que eligió irse… Y es un poeta que no descree de su realidad ciudadana, adyacente, propia, en una palabra, y exalta, por dos veces, al Malecón murciano, tan de todos. Sebastián Mondéjar ha escrito un libro con diversos registros o claves. Descifrando la dilección preferida del poeta en sus logros más sencillos, luego, volviendo a esos poemas breves, crípticos en apariencia como haikús derramados anímicamente, podemos encontrarles todo su zumo lírico. Es de esperar que la Editorial Calambur, que goza de una merecida fama de honestidad y prestigio, haga una buena difusión de esta pieza de poesía hecha desde Murcia, pero con la universalidad precisa para gustar en todas partes. Vale.

LA LLUVIA FINA

Jueves, 8 Mayo, 2008

Charco         

La lluvia fina

   va creando charcos en la acera.

 La lluvia fina,

   despacio, sin que nadie lo sepa.

  Así el tiempo,

 con los años de tu existencia;

 así los días,

              hermano,

 como las gotas en la acera

 van formando los charcos,

 sin que tú lo sepas,

 y sin apenas darte cuenta.

 Las gotas finas,

                 una a una,

 sin que nadie lo sienta.

 La lluvia fina,

 ¡La puñetera!                                 

LOS GERANIOS DEL GÉNESIS

Sábado, 3 Mayo, 2008

                       gERANIOS

       Cuando llegó el preciso momento, en el Génesis, en el que fueron creadas las flores, el Gran Dios decidió asignarles un don a cada una. Dispuso que todo sentimiento, afecto o emoción del ser humano, culmen de la Creación, habría de ir unido a una flor.

       Convocó, pues, a todas al patio de

la Magna Alfarería, y, acaso como provocación, les dijo:

       -¿Quién de vosotras desea la humildad?

       Llamadas a ser vanidosas por naturaleza, todas callaron, esperando surgiera algún sentimiento más elevado, que consideraran digno de la alcurnia a la que aspiraban.

       Sonrió el Supremo, y haciendo alarde de buen humor, que no quería que faltara en su Obra, volvióse de espaldas, y lanzó la humildad al aire, como novia con su ramo. Inclináronse todas, buscando eludir la poca deseada gracia, y vino a caer ésta en la casi insignificante mata de un geranio. Respiraron aliviadas entonces, y olvidáronse al punto.

       Luego, tocó el turno a

la Belleza. Todas se irguieron y esponjaron, tomando posiciones para ser las receptoras de tan preciada sustancia. Repitió gesto el Creador, que había sacado gusto al acto, y la agraciada fue la rosa. Un murmullo de envidia y resignación se desató entre las flores. Pensólo mejor el Gran Dios, y como quiera que no deseaba una guerra, ni siquiera la floral, ordenó que por la noche, un Ángel repartiera mejor la Belleza.

       Así sucedió, y a la mañana siguiente, cada flor tenía una porción suficiente de belleza, con la que se contentaba. Empero, el geranio, dado que ya había aceptado ser la más humilde de las flores, fue la que menos efluvios de belleza alcanzó a poseer.

       Ocurrió, que yendo a la mañana siguiente El Gran Dios hacia

la Magna Alfarería donde había de proseguir los trabajos del Génesis, contempló su obra floral, ya en marcha, esparcida por doquier. Pesóle la condición, que viera enseguida, del geranio, y tras detenerse un instante, hurgó en el saco de los sentimientos, afectos y emociones, y llegando al fondo, dio con

la Alegría. Con ella dentro de su cerrado puño, levantó el arremangado brazo, y arrojóla por los aires. Por previo designio Suyo, toda

la Alegría del Mundo fue a caerle entera al geranio. En el acto, la belleza parva que le había correspondido al geranio se expandió como masa de harina y agua con levadura, al contacto con el gozoso don que en exclusiva ahora le llegara, dando en una suerte  de entrañable belleza, altamente distinguida.

       Por eso, cuando el ser humano percibió estas tres condiciones, alegría, humildad y familiar belleza doméstica en la simple mata; primero, la capturó en macetas; luego, la puso en todas la ventanas y balcones del mundo que dan al sol, haciendo de calles, plazas y caseríos del orbe, salón de estar común a todos.

       Y allí están, para recordar a los hombres y mujeres que las contemplan desde abajo, que no hay bien superior en el mundo que Alegría y Humildad cuando tocadas  son por cierta comedida gracia que sólo Belleza otorga. Quien las posee, es bendecido de Dios, y es, por tanto, feliz.