
Todos los navegantes la han visto alguna vez, trasladándose sola, por las aguas del Mar Menor, sin que haya, a la vista, barco motor alguno del que provenga. Apenas espumea su larga cumbre, y parece, ante todo, un ser vivo. No infunde peligro, ni precaución alguna se le ocurre a nadie tomar ante su presencia. Fantasma parece, que buscase redención a su eterno penar. Nunca nadie la ha cruzado. Se aleja de las grandes motoras, y se deja observar, aunque a distancia, por los veleros silenciosos que surcan las aguas de la pequeña laguna.
Hija del viento fue, una primavera en que los vientos todos se conjuraron en el Mar Menor, para ver de organizarse en el mundo, y distribuirse por la estrella de los cuatro puntos cardinales. Aunaron fuerza, persistencia, orientación e impulso, y conformaron esa ola que nunca cesa. Nadie la puede acompañar, se evade rauda y discreta, sumergiéndose si es preciso, ante la persistencia de quien la pueda perseguir.
Verla trae buena suerte, dice la leyenda, si no se intenta seguirla. Mala suerte, en cambio, atrae sobre sí quien la hostiga, con la loca intención de adelantarla o romperla. Es posible, dicen, que la Ola Errante les marque su camino a las estrellas todas del hemisferio, y, así, le indique a la Polar su fijeza, al Carro su giro y a Sirio su misteriosa lejanía. A los astros su rotación, al sol mismo su ígnea vibración lumínica. Por eso no puede cesar nunca en su errabundo navegar, de orilla a orilla, besando islas, mimando playas, y huyendo del humano, al que, las estrellas mediando, marca su destino.
Respetadla cuando la diviséis, y dejad que marque ella misma su ruta, que es la de todos. Vale.
Este artículo fue publicado
el Miércoles, 6 Agosto, 2008 at 7:23 pm y archivado en la categoría Literatura.
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6, Agosto, 2008 a las 8:10 pm
Al margen de ese libro que ha salido recientemente, donde se recogen algunas de estas leyendas apócrifas, exijo como lector que pronto se amplíe el volumen (¿en la Real Academia Alfonso X el Sabio, tal vez?) y se nos galardone a los murcianos con la belleza y la sensibilidad del mejor Santiago Delgado. Abrazos admirativos.
6, Agosto, 2008 a las 8:30 pm
Gracias, Maestro. A ver si llego a 100 leyendas, y las pubico. Me pido tu prólogo.
13, Agosto, 2008 a las 10:42 am
Puede que, hace tiempo, profundas charlas con colegas viajeras venidas del Oya Shivo le trajeran el Taoísmo, acaso el Zen, para darle un punto de vista humano sobre lo que ya sabía ella perfectamente: que hay que dejarla fluir.
Celebro haber encontrado tu blog. Un saludo.
17, Agosto, 2008 a las 6:07 pm
Otra leyenda magnífica que nos llega gracias a ti. Tu forma de enfocar el relato es pura poesía, ingrediente esencial de las narraciones legendarias. Yo estoy ahora inmersa en mi novela de tema marinero que será continuación de la de “Buceadores”, que tuviste la deferencia de presentar tú en dos ocasiones. Todo lo que verse sobre el mar me llega especialmente. Gracias sinceras.