
Desde Portoscuso, al suroeste de Cerdeña, la pequeña isla de San Pietro tiene un perfil de triangulo isósceles de escasa altura. Quizás con unos quince grados, o menos, de apertura en cada una de sus pendientes. En la cúspide, una antena de comunicaciones completa la figura, rematando la imagen. En realidad, la isla tiene una planta de base irregular, cercana al trapecio. Su capital, turismo aparte, es Carloforte.
La mañana de Agosto en que la visitamos, la niebla marina enfantasmaba la isla un tanto. En su extremo norte, la pequeña Isla Plana, como un añadido rocoso, aparecía repleta de construcciones humanas. Genovesa desde siempre, pregonaba su independencia de la isla madre.
La capital de San Pietro es Carloforte. Se ubica en una pequeña bahía, junto a unas salinas. Su frontal no se advierte desde Portoscuso, pues mira al SE, quedando el pequeño puerto sardo al NW. Toda la isla es un bosque apartado y frondoso de pinares y enebros, de fuerte verdor.
La impronta más notoria de la islita, apenas a unos kilómetros de Cerdeña, es la trágica experiencia de sus habitantes. Raptados por la piratería tunecina en tiempos de la Revolución francesa, fueron rescatados casi medio siglo después por el rey piamontés, a cuya jurisdicción se entregó Cerdeña entera, luego de la Guerra de Sucesión española. Hoy, en el paseo urbano aledaño al puerto, de encantadora mediterraneidad, una efigie de Carlo Felice, el piamontés rescatador, memora il ritorno in patria , entre palmeras y cosmopolitas terrazas repletas de turistas. Cercana a la plaza del puerto, la iglesiecita que guarda la Madonna dello Schiavo, la imagen que veneraban los isleños en su exilio tabarquino, en la costa tunecina: un mascarón de proa, piadoso, encontrado por uno de ellos en la playa sarracena.
Mucho antes, en el siglo primero, la isla tuvo el egregio náufrago que nombre diera a la isla: el mismo San Pedro, en viaje desde Haifa, camino de la pagana Roma, para convertirla, hubo de acogerse a sus costas para evitar morir.

Pero lo que nosotros buscamos, aún siendo historia, tiene un apoyo fuerte en los más literarios terrenos de la leyenda. Hablamos de la llamada Cruzada de los Niños. Fue en 1212. Un niño francés, Etienne, doce años, predica una singular Cruzada. Sólo la inocencia de los niños podrá rescatar la Tierra Santa de manos de los infieles. Lo llevan a ver al Papa y le da una carta de Jesús mismo. Por los caminos de Francia y de toda Europa Etienne va reclutando infantes, formando un ejército de la pureza, ante cuya visión, la armas mahometanas se depondrán de inmediato. Ya el mismo viaje a través de la Francia paupérrima del momento, fue dantesco: hambres, enfermedades y muertes, hasta llegar a Marsella, donde los esperaban “generosos” barcos fletados con misteriosa magnanimidad. Fuentes históricas desmienten la especie. Por el nombre genérico de Pueri, literalmente traducido por Niños, se entendía la alusión a todo mendigo ambulante, generalmente peregrino en conjunto. Naturalmente, la Cruzada fracasó. No llegó siquiera a Palestina. Dicen que sus barcos naufragaron…
En la isla de San Pietro, se halla la ermita de I Novelli Inocenti, junto al Viale del mismo nombre. Se erigió, dicen los nativos, en honor de los Niños de la Cruzada. Los Nuevos Inocentes. Pero, a veces, la leyenda y la Historia se dan la mano. La pequeña flota, fletada por unos presuntamente piadosos comerciantes, naufragó en San Pietro, justo a punto de variar rumbo, para trazar orzada hasta Haifa o San Juan de Acre. Y dicen ambas, leyenda e Historia, que muchos niños acabaron de esclavos. Sospechosísima, para cualquier observador imparcial, la presencia genovesa en la cercana Isla Plana, mercaderes de todo lo que fuera posible mercadear, carne fresca de esclavos entre otras cosas. Y así, entre el naufragio y la venta como esclavos, acabó la infausta Cruzada de los Niños.
En 1982, mi amigo el escritor Pedro Cobos (1929-1989), jumillano universal, publicaba “La Cruzada de los Niños”, subtitulada como “Texto para un Oratorio”. Se trataba de una pieza dramática, breve, poética, simbólica, en verso. Un alegato contra la maldad y el fanatismo, la ignorancia y la estupidez humana. Unos años más tarde, tuve la idea de organizar una representación de la obrita. Lo hice, con alumnos del Instituto José Planes, de Espinardo, en Murcia. Vi realizada, hecha voz y personajes, la tragedia medieval revivida por Cobos.
Por eso, visitar en San Pietro, la Ermita de los Nuevos Inocentes, casi aledaña a la parroquia del San Pedro Náufrago, fue para mí una experiencia singular. Se halla situada en el extrarradio sur de la pequeña urbe de Carloforte, alejado del mar, donde ya el bosque pinar impone su presencia. Se halla en un otero, alzada respecto de la calle que arriba desde el centro urbano de Carloforte. Es una fachada blanca, como de capilla griega minúscula. Dicen papeles que se advierte el estilo piamontés en la restauración. La antecede un muro de piedra, que preserva de miradas el interior. Una puerta lateral de verja, de tamaño humano, nos impedía acceder al interior del patio que antecede a la capilla misma, cuya puerta, en madera noble muy nueva, se hallaba, ay, abierta. Sentimos no poder penetrar en su interior, pero, en el fondo, nos daba igual. Allí estábamos, memorando a los Pueri que vendidos fueron por comerciantes sin escrúpulos, un día de aquel 1212, el mismo año de las Navas de Tolosa. El espíritu de Pedro Cobos estaba con nosotros. Vale.

Este artículo fue publicado
el Domingo, 17 Agosto, 2008 at 6:09 pm y archivado en la categoría Viajes.
Puedes seguir los comentarios del artículo a través de sindicación RSS 2.0.
Puedes dejar comentarios, o crear un enlace a este artículo desde tu web.
19, Agosto, 2008 a las 12:13 pm
Siempre me ha interesado esa alucinante historia de la Cruzada de los Niños, he leído sobre ella algunas cosas, pero nada me ha resultado tan atrayente como tu texto, que además de narrar la infausta hazaña fallida de esos nuevos inocentes, alude a la obra de teatro de Pedro Cobos, que lamento no conocer, y tu adaptación en el Instituto José Planes, de Espinardo.
Me hubiese gustado presenciarla. Pero, conociéndote, sé que sería una magnífica versión para la escena.
Interesantísimo artículo. Enhorabuena, santiago.