Llaman en Cagliari Pérgamo, a un balcón labrado, elevado como tres metros, que construyeron en 1535, para que el César Carlos asistiese a la misa que se celebró en aquella ciudad sarda para despedir a la flota imperial, que al mando de Don Juan de Austria, habría de conquistar Túnez. El mismo Carlos V eligió la ciudad. Más de seiscientos veleros partieron rumbo a La Goleta, nombre con que se conocía el fuerte que custodiaba Túnez. El objetivo era reprimir la piratería morisca, que asolaba todas las costas cristianas del norte del Mediterráneo, amen de expulsar al turco, que se había apoderado de la plaza. Tanta torre de vigilancia como se desperdiga por todo el litoral español, también sardo e italiano, no otra finalidad tenía que paliar el acoso africano.
El púlpito, balcón o pérgamo está labrado en mármol, y lleva una inscripción alusiva al 12 de Junio de aquel año de grata memoria para el Imperio. Un apóstol, con libro y bordón peregrino, enseñorea la pieza. Debe ser San Juan, a juzgar por el águila que lo acompaña en el otro interpaño de la pieza. Ancho se debió sentir allí el hijo de Juana de Castilla y de Felipe de Flandes; la Loca por mal nombre la primera, y Hermoso, por bueno el segundo. Trastámara ella, Haubsburgo él.
Los sardos de Cagliari agradecieron el gesto del César, de hacer partir a las naves de su puerto, y mandaron construir el egregio balcón para la honra imperial de Carlos. Sobre él, se supone que muy atento a mostrar majestad y estilo, oyó misa el Emperador.
Unos años más tarde, en 1541, Carlos estuvo en Murcia, de paso. Asistió también a misa, en la vieja Catedral Gótica de entonces. Y, asimismo, los murcianos, le prepararon un reclinatorio especial delante de los restos -el corazón entre ellos- de Alfonso X, primer rey cristiano de Murcia. Se lo contaron para honrarle, pero su decisión asombró a los nobles de la ciudad. Alegó no considerarse digno de usurpar o compartir el sitio de tan egregio antecesor, e hizo que le trasladasen sitial para asistir a misa, en otra parte, haciendo ver que, nadie, en adelante, molestase el eterno descanso del rey sabio.
El pérgamo se conserva en la misma iglesia, la de San Miguel Arcángel –guerrero-, en el barrio de Stampace, pero como reclamo estético de época, a la entrada del templo, reconstruido como delirio barroco por los jesuitas. Unas gradas se elevan a la derecha, según mira quien entra, hasta la iglesia misma. Se halla al fondo de un pórtico dotado de cancela, que da al exterior, mirando a la calle.
Túnez fue ansiado como reino por el mismo Don Juan de Austria que lo conquistó; pero los celos de Felipe II, su hermanastro, lo impidieron. Poco duró la conquista. Empero, veinte mil esclavos cristianos, dicen crónicas, hallaron libertad. Vale.
Este artículo fue publicado
el Sábado, 30 Agosto, 2008 at 11:10 am y archivado en la categoría Historia.
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