Archivo para Noviembre, 2008

EL LATÍN VULGAR NUNCA EXISTIÓ

Sábado, 29 Noviembre, 2008

RS

            El latín vulgar, el padre verdadero de las lenguas romances, el de los veteranos que se asentaban como colonos allá donde el Imperio Romano triunfaba… nunca existió. O no existió con ese nombre. Lo ha dicho Yves Cortez, en un libro que ya lleva publicado en Francia algún año que otro. Y presenta sugerentes razones para sostenerlo. Razones que, desde luego, dejan como teoría, despojada de la certeza, al dogma establecido de que el latín vulgar era el latín del pueblo, diferente del latín clásico, bien de las altas clases o de la Literatura.

            Jamás idioma alguno ha diferido tanto en sus especies lingüísticas diastráticas o variedades debidas a estamentos sociales. Nunca el habla de los cultos ha sido de tipo sintético, desinencial, y el de las clases indoctas, analítico, con preposiciones. Nunca el pueblo ha usado la estructura de frase: sujeto, verbo y predicado, mientra que la clase culta ha dispuesto que el verbo sea situado al final de la cláusula. Nunca.

            Además, por qué la palabra que más estaría en boca de esos veteranos conquistadores: guerra, no era bellum: ¿Por qué llamaban casa a sus casas y no domus? ¿Por qué partieron de un caso oblicuo, el acusativo, para derivarlo según las nuevas tendencias fonéticas a la forma romance? ¿El artículo, cuyo concepto es abstracto –actual, no actual- de dónde sale?, si los demostrativos sólo indican lejanía o cercanía, identificación y cosas así…

            Bien, Yves Cortes nos da la solución: el llamado latín vulgar no era el idioma de los romanos; era el de los vencidos por los romanos, al ocupar el Lazio: un idioma indoeuropeo también, pero analítico… Ocurrió que los romanos, élite militar, intelectual y económica, sojuzgaron al pueblo ocupante. Impusieron sus normas, pero no su lengua, que se diferenciaba bien poco de la suya. Y esta lengua, que Cortez llama “italiano antiguo” (no confundir con el toscano), era la de quienes, casi de inmediato, comenzaron a engrosar las filas de las legiones que conquistaban en nombre del Senado y el Pueblo Romano.

            Hay además, un dato que aportamos nosotros: el que proviene de la leyenda histórica del Rapto de las Sabinas. Los sabinos, pueblo aledaño a Roma, vio cómo los romanos les raptaban a sus mujeres. El final del episodio fue que se fundieron los dos pueblos; pero, el papel de madres quedó asignado –qué remedio, si eran las únicas mujeres que había- a las sabinas, que, de seguro, enseñaron su sabino idioma a sus vástagos todos. Ese idioma no puede ser sino lo que conocíamos como latín vulgar, pero cuya paternidad queda desde ahora discutida. Vale.

SILENCIO CARTUJO PARA EL QUIJOTE

Miércoles, 26 Noviembre, 2008

PAULAR

            Al norte del gran Madrid, aledaño a Rascafría en plena solana de la sierra alta, se alza el monasterio, hoy benedictino ayer cartujo, de Santa María del Paular. La palabra, Paular, viene de Pobolar, sin duda vocablo romano antiguo, que significaría Poblado, lugar con habitantes estables. Fundado por un Trastámara a finales del XIV, alcanzó gran predicamento en los dos siglos siguientes. Más de 500 familias vivían de las industrias y negocios propiciados por los frailes de la Orden del hermano Bruno, un fundador no santo, pero de autorizada veneración por los profesos. Entre las empresas de la Cartuja serrana estaba la fabricación de papel. Lo hacían en los Batanes, un enclave situado al otro lado del río Lozoya, lindante con el monasterio, hoy hotel, antaño residencia real y casi siempre cenobio. Los batanes son los mazos que golpean, impelidos por agua, la materia que se quiere compactar: tejidos, celulosa dispersa…

            Exactamente, por las fechas de publicación del Quijote, el Paular abastecía de papel a Francisco de Robles, el editor madrileño de Miguel de Cervantes. Era papel cartujo. La Orden, fundada en tiempos del Cid, buscaba en el silencio, interior y exterior, el camino para llegar a Dios. Para ello construía sus cartujas en lugares aislados, ya por el extremo frío, ya por el excesivo calor. Eran eremitas que, esporádicamente se reunían en comunidad.

            Quiero pensar que ese silencio absoluto, de alguna manera cierta y clara, pasaba al papel en blanco que fabricaban, usando la energía hidráulica del alto Lozoya. Hoy, un puente neoclásico une el cenobio al ingenio batanero. Antaño, habría que vadear el río. Algún día de aquel 1605, una carreta, casi seguro que tirada por bueyes, atravesó el riachuelo, y comenzó a bordear la sierra, buscando el Camino Real de Madrid a Burgos. Llevaba el papel en que habría de ser impreso el Quijote. De esa manera, al blanco del papel sobre el que fueron depositándose las tintas de los tipos de Francisco de Robles podemos imaginarlo, sin mucho esfuerzo, como trasunto del silencio cartujo, hecho del conocimiento de Dios. Es el Quijote, acaso, el esfuerzo mayor que se ha hecho en la Tierra por explicar al hombre. Si le damos fe a la metáfora, se construyó sobre el silencio de Dios: el papel en blanco de los cartujos. Vale.

CLAUSTRO GOTICO DEL PAULAR

Domingo, 23 Noviembre, 2008

Paular

Caen gotas de finísima aguanieve

sobre el abandonado, exiguo claustro

del cartujo cenobio.

aquí, en Santa María del Paular.

 

Las hierbas secas crecen en los tejados,

y hierbajos de parda estampa

depredan los parterres.

 

Un ciprés desmochado

al sur orienta su quebrada lanza,

que cielos no herirá.

 

Las ojivas de las ventanas

los silencios celebran de los monjes

aquellos que los fríos  extremados

buscaban para darle a Dios el culto

que pensaban debido.

 

Mas, a esta clara injuria

del tiempo, por doquier tan esparcida,

no está sumada por ninguna parte

la impía iconoclastia de los hombres

en forma de grabada

incisión de apellidos ni de fecha,

o agresiva escatología  impúdica,

por manos, tan culpables como ignorantes,

articuladas en el duro lienzo

de piedra, hacia el Quinientos labrado.

                         

Por eso, las elementales gotas

de esta finísima y blanca aguanieve,

que sobre Rascafría llueve hoy,

pienso que al Claustro acuden,

para aprender pureza,

para conocer transparencia clara,

para ser bautizadas de hermosura,

virgen, y que al volver al alto cielo,

ya evaporadas, libres nueva vez,

puedan decir que conocieron gozo.

 

            Santa María del Paular

                     21-11-2008

LOS GRANDES POEMAS DE AMOR

Domingo, 16 Noviembre, 2008

mb

  Los grandes poemas  de amor,

¿cuánto de verdad tuvieron?

¿Fueron acaso, tan sólo,

bellas palabras por azar halladas?

Sus frases felices, sus acertados versos,

Las encendidas metáforas

que hoy tanto nos emocionan…

¿fueron sentidos

-como nosotros los sentimos-

por los poetas mismos que los hicieron?

  Nada de esto nos es dado saber con certeza…

  Lo que sintieron los poetas,

nunca jamás sabremos.

  Nada nos importe os propongo,

Saber qué fue de ellos,

de sus emociones,

de su fuegos de amor

ni de sus desamores de hielo.

  Fueran los que fueran,

dejémoslos estar,

que sólo para ellos, su vida fue,

y no para nosotros,

que, simplemente, los leemos.

Os digo, pues,

que nosotros, sus lectores,

olvidémonos completamente de eso,

y sigamos leyendo y leyendo

todos aquellos poemas,

que un día, al corazón nos llegaron,

y quisieron quedarse allí

-acaso durmiendo-

para salir, de vez en cuando,

a la consciencia plena

de lo que somos por dentro,

tornando a repetir su mensaje

de belleza escrita y medida

en la magia sonora del poema,

resuelta en el milagro cotidiano

de unos cuantos versos.

 

  Nada más que eso, nada más…

pero también, y qué grandeza,

¡cuánto nada menos!

 

 

OÍR LA LUZ, DE ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

Domingo, 2 Noviembre, 2008

O�r la luz 

            Felizmente, es este otoño, otoño con libro de Eloy Sánchez Rosillo. “Oír la luz”, se llama. Lo he leído en esta sosegada tarde de domingo, tras unos días de lluvia y viento frío. Una de esas tardes de domingo apacibles como un niño dormido, en las que parece que el mundo está ausente, extraviado. Eloy continúa fiel a su poética. Busca, como un minero imposible dentro de su alma o de su sensibilidad, y encuentra siempre la idea feliz, la veta sentimental -pero no gastada- de su interior. Y nos la muestra en una versificación simple de tan compleja. Nunca sabremos las luchas contra el rebelde, mezquino idioma, que Eloy libra en la soledad de su escritorio, ayudando a aquella idea, aquella inspiración a que salga clara, distinta, exacta y perfectamente húmeda del sentimiento que él mismo experimentó. Ideas e inspiraciones que hallaron en él credencial de poeticidad suficiente como para ser tratadas en el campo de batalla de su cuaderno, como él mismo dice.

            Oír la luz es, técnicamente, una sinestesia o confusión de sensaciones. Eloy simboliza en ella ese despertar que su ser ha experimentado con la madurez perfecta de su experiencia vital. Ama las sensaciones y su mensaje de paz y de naturaleza consigo mismo acordada en el misterio de la vida. Parece como si a cada entrega, Eloy fuera más consciente y concienciado del mensaje de Ramón Gaya, homenajeado en el libro con un gran poema, acerca de que la vida es sagrada, y el arte es como el sagrario de ese misterio. Eloy celebra la vida, simplemente perspectivada como un cúmulo de sensaciones y sentimientos, que son elementalidades evidentes, y que la vida otra, la impostora, nos complejiza y oscurece. Eloy es como un profeta de la claridad, que clama entre el pueblo de los confundidos.

            Pocas veces la poesía, que ha llegado a ser una cosa abstrusa, escrita sólo para poetas, se redime como en este caso. La poesía fue inventada para que hubiera poetas como Eloy y poesías como las de Eloy.  La mayor parte del resto… es impostura. Vale.