Archivo para Diciembre, 2008

CAMPO DEL FRÍO EN MORATALLA

Sábado, 27 Diciembre, 2008

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Mirando estrellas

por el campo alto de Moratalla,

entre almendros y acebuches,

blando terreno llovido,

y noche bien entrada,

hormiga de la Creación me supe,

ameba insignificante,

cuarto y mitad de la nada.

Idealidades, puras teorías

-agudísimas- del frío,

como puntos de hielo,

las estrellas su recado

a mi conciencia mandaban.

Nocturnos pájaros

que, con insistencia,

hitaban de su nombre mi ignorancia…

contrapunto cercano ponían,

a perros que lejanos ladraban.

A leña que arde olía.

Nadie me acompañaba.

Sólo las luces del pueblo,

como anclados faros vigías,

en el océano oscuro de las sombras,

consuelo eran de mi conciencia náufraga.

Ocurrió aquella noche del primer invierno,

la siempre alegre Navidad ya pasada…

en el que mero punto, sin señalar,

en el ancho espacio de lo Creado,

yo, a mí mismo me imaginaba.

POETA ANTIGUO

Viernes, 19 Diciembre, 2008

Tronco verde  

Dicen algunos poetas

que la naturaleza

es sólo naturaleza.

Y con mucho denuedo

razonan y protestan

de que se haga símbolo,

aviso o advertencia

de aquel pájarillo

y de aquellos árboles.

O con el ocaso encendido

de un día cualquiera.

 

Yo no soy, desde luego,

de ese tipo de poetas.

Y canto a la esperanza

en un amanecer.

O también al amor

imaginado en la belleza

de una rosa con gotas de rocío

que parecen perlas.

O al imposible inalcanzable

en las altivas cumbres

de alguna lejana sierra..

 

Y le escucho sus mensajes

al viento que llega,

y descifro las claves

de un bosque en el crujiente

rumor de sus hojas secas.

 

Dejadme ser poeta antiguo,

de rima y naturaleza.

Dejad que descargue,

desde mi alma, libremente,

sin ansias de laureles,

mi sentimiento de poeta

que allí brota espontáneo

como brotaran, en el hombre,

aquella palabras primeras,

que expresaban la alegría por el sol,

o también, al llegar la noche,

su honda y amarga tristeza.

 

Dejadme ser, a mi manera

tan antigua y obsoleta,

seguir siendo tan sólo eso:

mero aprendiz de poeta

que dibuja, con rimas pobres

y símbolos claros,

las cosas primarias de la naturaleza.

IN MEMORIAM, ENRIQUE MÁXIMO

Domingo, 14 Diciembre, 2008

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(Foto de Enrique Máximo en el Campanario de la Catedral 15-12-2007,
curso sobre Patrimonio del CPR Mucia I. Foto de P. Patricio Vinader)

          Se fue el sábado, casi a mediodía. A tercias, que diría él mismo, hablando en términos de campanero. Y es que todas las campanas de la Región han doblado tristes, aun en su silencio. A la primera campanada, junto con las asustadas palomas, su alma, pura de amor a esa ciencia que sólo entiende de las cosas del hombre: la Antropología, este caballero renacentista –pleno de conocimiento científico y humanista- habrá emprendido su vuelo a la eternidad. Era un raro ejemplar de estudioso formado en las ciencias empíricas, pero atraído, como un torbellino atrae a cuanto se halla a su alrededor, por la Historia que transcrita se halla en tantos y tantos restos, arqueológicos, archivísticos o monumentales. Un impagable servidor de la reconstrucción del patrimonio.

            Quienes tuvimos la suerte de oírle explicar una por una las campanas de la Catedral de Murcia, in situ, algún perdido día del curso pasado, recordaremos su medida pasión por todas y cada una de ellas, conociéndolas por su nombre, acariciándolas mientras contaba su historia y funciones.

            Pero Enrique Máximo era algo más que un amigo de las campanas. Era un humanista de cuerpo entero. No quiero hacer de esta crónica un recuento curricular, para el que, además, no estoy preparado. Deseo tan sólo hacer constar mi pena por la pérdida de un amigo reciente. Hace tres días, recibí una llamada suya a mi móvil. Hoy adivino que era una despedida. Habíamos colaborado en el libro sobre la vida de Saavedra Fajardo. Sus notas a pie de página dieron sabiduría a ese libro que habíamos compuesto entre algunos autores, cuyos nombres figuran en portada. El motivo “oficial” de su llamada no era otro que felicitarme o felicitarnos por el éxito del libro, repartido hoy por todos los centros educativos de la Región. Entre toses sin fuerza, y un susurro de velada voz, me agradeció asimismo haber contado con él para ilustrar a nuestros compañeros docentes en el amor al patrimonio regional.

            Aún recuerdo cuando, gracias a él, Murcia –Yecla en particular- recuperó a Juan Oliver Astorga, una gloria de la Ilustración Musical Europea. Consiguió grabar partituras recuperadas del compositor, y escribió una biografía del raro personaje olvidado. Lo mismo con Tadeo Tornel en Alhama.

            Hoy, todos cuantos amamos la Historia de esta Región, tenemos al corazón de luto. Nuestras hermanas, las campanas todas de esta tierra, han perdido a su más importante amigo. Enrique Máximo, descansa en paz. Vale.

UNA ANUNCIACIÓN MURCIANA MUY ILUSTRADA

Jueves, 11 Diciembre, 2008

Anunciata

Una de las muchas huellas que Floridablanca dejó a la ciudad de Murcia fue la factoría de seda que se ubicó en los jardines del Colegio de los Jesuitas, expropiados tras la disolución de la Orden hacia la mitad de la sexta década del siglo XVIII. El prócer murciano otorgó a los gremios de Madrid, la recuperación de la industria sedera en la Huerta de Murcia. El Colegio Jesuita antedicho es el actual Palacio de San Esteban. Sus jardines lindaban con lo que hoy es el Parque de la Pólvora, o del Salitre, por nombre oficial. Las bóvedas de la instalación de hostelería que se abre en la Casa de los Nueve Pisos, con entrada por el norte, no otro origen tienen que haber sido, capilla jesuita primero, industria sedera después.

            Bien, pues lo primero que hizo Floridablanca fue traer artesanos de la seda piamonteses, los maestros de Europa entonces. Luego, derivar una acequia del Segura, acaso  la Caravija -que venía desde La Merced- hacia allí mismo. Es la acequia que luego se va hacia Santa María de Gracia, oculta hoy bajo el Club de Tenis. Habría de servir para procurar fuerza motriz a la sedería.  Ya allí se restauró o incrementó la fabrilidad sedera murciana, de la que se hacía eco Cervantes en el Quijote.

            Luego, dispuso encima de la entrada una Nunciata; una Anuciación. Pero es una Anunciación muy Ilustrada. Veamos. La Virgen, según una iconografía muy antigua, está leyendo, cuando el Arcángel San Gabriel la visita. Aprendí de Carme Riera, de reciente visita en Murcia, que las vírgenes orientales figuran en el trascendental momento, haciendo labor, más propia ocupación de mujeres tradicionales; las occidentales… leen. Siempre, desde  la Alta Edad Media. O mejor, dicho, oran, rezan. Sin embargo, yo, particularmente, siempre había pensado que esta virgen murciana, no estaba rezando, cuando llega el sublime momento: estaba estudiando. No es un libro pequeño, de oración, un devocionario… lo que lee; es un libro grande, de biblioteca. Es una Virgen Ilustrada.

            Pero aún hay más: en un rincón, como arrumbado, casi fuera de marco como corresponde a la figuración rococó, aparece el cestillo de labor. Y hay que imaginar que lo que hila esta Nunciata es… ¡seda! Es una manera de dignificar las labores manuales, tan denostadas por la nobleza española desde el medievo. Es decir, mediante el significante de la Anunciación, se transmiten dos mensajes: la Virgen estudiaba, y la Virgen trabajaba con sus manos. Ahí es nada. Los cristales de La Granja, las cerámicas de Talavera, los naipes de Vitoria… Todo es, por toda España, alzar las manualizaciones al nivel de industria, desterrando estúpidas y manriqueñas aseveraciones sobre la indignidad de “trabajar por sus manos”.

            Por si fuera poco, los dos santos que figuran en lo alto del cierre, belicosamente pluricurvo, como la silueta del Imafronte, son San Estanislao de Kotska y San Luis Gonzaga, dos santos canonizados en ese mismo siglo. Por cierto, ambos jesuitas, y ambos con amplios estudios humanísticos. La lección que dan es de estudio y modernidad, aparte se deja su pertenencia a la Orden disuelta.

            Y ahí está, encima de lo que hoy es una cafetería sin mesas, para cafés rápidos de funcionarios. Pero la lección del frontispicio sigue siendo la misma: estudio, trabajo y fe, como puertas de la esperanza. La Ilustración al completo. Lástima que nadie hoy advierta tan descomunal lección. Vale.

CATEDRAL DECONSTRUIDA

Lunes, 8 Diciembre, 2008

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            Llueve en la ciudad. Es otoño avanzado. Los cansinos pasos, quizá libres de mi conciencia, me han llevado hasta la Plaza de la Catedral. La primera noche acaece sobre todo. La plaza, ocupada en uno de sus flancos por las sillas y toldos de hostelería que le dan cierto sello europeo y moderno al enclave, aparece, en su mayor parte, casi vacía. Apenas algunas personas cruzan con gabardina y paraguas de un lado a otro. Cierto rumor de ciudad, que no oigo, debe provenir de alguna parte. Sólo veo la fachada de la Catedral. Cierto azar ha hecho que aparezcamos en la plaza justo por enfrente de ella. El suelo está mojado. La gran fachada, iluminada. Más atrás y a mi izquierda, la torre, con su reloj, oscurecida y aguda. Delante, el triángulo de piedra e imágenes se ofrece a la vista, magnífico y  radiante.

            De pronto, miro hacia el suelo. Y me detengo. El suelo de la plaza refleja, muy imperfectamente el Imafronte, como han nominado quienes de arte saben a esta fachada. Una celebración barroca que resume y compendia la historia de la primera diócesis cristiana de España: la de Cartagena. El suelo, necesariamente irregular, refleja, ora perfectamente, en un charco de lisa agua de lluvia, un retazo de Imafronte, ora, a su lado, la simple humedad del pavimento, no acierta a resolver con la suficiente nitidez la misma belleza. Los retazos de reflejo y de remedo de reflejo se alternan irregularmente, en un ajedrez rebelde y caótico, dando en una suerte de belleza nueva, que me cautiva.

            Suspendo los andariegos pensares míos, y miro en panorámica la novedad. Allí está: el Imafronte de mi Catedral, bello y glorioso por el suelo. Deconstruido, accediendo a un nuevo canon de belleza, asimismo barroco, con un encanto que advierto nuevo, cautivador, moderno. Lo apunto en mi cuaderno de notas del alma, y prosigo mi caminar incierto, el propio de un día de fiesta, que llovió por la tarde,  despejando al llegar la primera noche. Vale.

MARUJA Y MIGUEL

Sábado, 6 Diciembre, 2008

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                                                       MARUJA Y MIGUEL 

No cabe duda de que, por esas fechas, el poeta ya había acompañado a la pintora en más de un viaje y de que los rumores de la relación que ambos mantenían habían empezado a correr de boca en boca.                                                                               (De Internet) 

 

Ya están los dos juntos, juntamente con el río.

Verano del treinta y cinco o quizás treinta y cuatro.

Han tomado el puente del Henares por teatro.

No conceden sosiego, ni calma a su extravío.

 

“Tú eres la sola diosa que adoro e idolatro,

ama y señora, de mis manos y mi albedrío.

Testigos: los álamos enhiestos del estío.

Y que infiernos sean conmigo si es que mohatro[1]”.

 

Crujen los cañaverales y croan las ranas…

Bajo el ferroviario puente del río Henares,

dos pasiones trazan amorosas luchas vanas.

 

Ya en lo ardoroso parecen Afrodita y Ares;

y de Paris y Helena, en lecho de trigo, humanas

olas de amor los empujan, que no olas de mares.

 

 

 

 



[1] Mohatro: defraudo, timo, estafo. Homenaje al gusto por los cultismo de MH.

AGUA ALTA EN VENECIA

Martes, 2 Diciembre, 2008

Venecia alta agua  

Sube el agua en Venecia.

Y se inundan las calles y las plazas;

los puentes, tan exiguos.

Es un agua mansa.

No es ola de tsunami, furia de agua.

 

Es marea tranquila, casi inane.

Como un sueño desecho, derrumbado,

esparcido infinitamente,

como sólo infinitamente el agua

sabe esparcirse sola,

buscando espacios y encontrando llanos.

 

Sube el agua en Venecia,

la sublime, atristada ciudad bella.

Y el alma de las piedras

se duele con silencio y grave pena.

 

¿No escucháis su callada queja vana?

Quiere la piedra no volver al agua.

y quiere el agua rescatar su mapa.

 

Y yo, que soy de piedra y soy de agua,

no acepto la contienda que aquí se urde,

y me sumo en perpleja, honda inquietud…

Si es mi cuerpo de piedra,

igual que la alta luna,

Y es de agua mi alma, como son las nubes

¿Hacia cuál de las dos haré fortuna?