Archivo para Junio, 2009

EL POEMA DEL REY SISEBUTO

Lunes, 29 Junio, 2009

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A principios de siglo VII, reinaba en Hispania, Sisebuto. Hispania seguía siendo tierra romana. Unos seis millones de hispano-romanos compartían con menos de 250.000 visigodos el territorio peninsular. Los germanos hablaban latín, y se vestían ya con la indumentaria romana, fuertemente influida por los bizantinos del sureste. Sisebuto fue hombre de letras, de armas y perseguidor de judíos. Fue amigo de San Isidoro, y éste le visitó en Toledo varias veces, y, por cierto, no le secundaba en esta última empresa. Resultado de esas visitas fue una obra del hispalense titulada De Natura Rerum, obra de carácter científico. Sisebuto le respondió con un poema de 61 hexámetros latinos, comnocido como Epistula Sisebuti, en donde, en parte para atacar la superstición, en parte para estar a la altura científica de su amigo, y en parte para dejar constancia a la posteridad de su afición letrada, trató de los eclipses de luna y de sol que hubo al principio, y aun antes de su reinado. Sisebuto es ptolemaico, esto es, cree en la esfericidad de la Tierra, pero la supone en el centro del universo, con el sol girando en torno a ella.

           El texto, lo he encontrado en esta dirección de Internet, en donde hay enlace a la versión francesa, de donde lo he trasladado al español, en versión libre, prosificada, naturalmente.

http://astronomicum.blogspot.com/2009/05/el-poema-astronomicum-del-rey-sisebuto.html 

ASTRONOMICON (POEMA DEL REY SISEBUTO reg. 612-621)

           Acaso suceda que tú[1], tendido en lo profundo de algún bosque sagrado, estés escribiendo, por casualidad,  nuevos versos. Quién sabe si te hallas en medio de las rumorosas fuentes y de las harmoniosas brisas y refrescas así tu alma  en las fuentes divinas de Pierio [2].

           Pero, a nosotros, el peso de los enojosos asuntos nos abruma. Nos, no escuchamos sino el ruido importuno del hierro y los gritos de millares de soldados. Las arengas de los generales nos enardecen, y  en el foro resuenan los clamores de guerra. Las trompetas suenan y conseguimos volar más allá del Océano[3]. El vascón desde las nieves y el cántabro en sus montañas, no nos dejan ningún reposo[4]. ¡Y es, precisamente, a Nos, a quien se nos ordena ceñir con los laureles de Febo[5] nuestra frente y trenzar, para Nos también, una corona de yedra aún más augusta![6] ¡Y es a Nos, a quien se llama para surcar con nuestras alas el aire inflamado!

           El elefante, aunque tenga el andar pesado, adelantará en la carrera a las águilas de ligeras alas. La tortuga, torpe y gruesa, ganará al perro en velocidad, antes de que nuestros versos puedan elevarse hasta Febo, oh madre del beneficioso rocío[7].

           Empero, sacudiéndome el peso que me encorva hacia la tierra[8], diré por qué un círculo negro se forma sobre la imagen borrosa del Astro[9].  Por qué su frente de nieve se enrojece a causa de un tinte púrpura. No, no se trata, como cree el vulgo, de una hechicera que, gritando histérica desde las oscuras profundidades de las cavernas infernales, haya arrancado a la Luna de sus moradas celestes[10]. No, la fuerza de un encantamiento nocturno… nunca fue suficiente para hacerla equivocarse por el sonido de la trompeta. En medio del  cielo, y rodeada por las regiones donde la calma es tan a menudo turbada por la tempestad,  ella continúa ajena a los ultrajes. Pero, cuando el ancho cuerpo de la tierra, colocado en el centro del Universo[11], intercepta los rayos del Sol, su hermano, entonces… una sombra densa se extiende sobre el pálido disco de la luna, hasta que ésta, liberándose de las tinieblas proyectadas por las rugosidades[12] terráqueas, rueda en libertad por otras partes del campo celeste y recupera los rayos de Febo.

           Es plausible que no se sorprenda nadie de que el sol, nueve veces más grande[13] y más visible que el globo de la Tierra, no envuelva a este globo en una capa de luz. He aquí la razón. Ved cómo el Sol se eleva, llegando a la bóveda resplandeciente de los cielos, y ved también cómo desde lo más alto de su carro, cubre con sus rayos la masa enorme dela Tierra. Entonces, sea porque él lanza la luz desde el cenit, sea porque él lo envía oblicuamente, raseando el horizonte, la Tierra refleja una parte de estos rayos. Los otros, al no encontrar ninguna porción de globo que se oponga a su emisión, se prolongan en la inmensidad del vacío, hasta que, vencidos por la tiniebla, van a morir al infinito. Si, entonces la Luna arrea a sus fornidos caballos[14] hacia las vecindades de la Tierra, no logra recibir ya la luz de su hermano y su pálido rostro se desvanece.

           Pero, ¿por qué es ella el único ser celeste que está sometido a los eclipses? Este hecho no tiene nada de sorprendente. Ella carece de luz que le sea propia. No está calentada sino por los rayos prestados. Cuando ella cae en la vecindad de un cuerpo opaco, ella se convierte en sombra y ya no es iluminada por los fuegos de su ermano.

           Por el contrario, el Coro de los Astros no es en absoluto accesible a las tinieblas. Ellos gozan de un brillo que les es natural. Ellos no le deben nada al sol. Pero… ella es arrastrada en el giro de  la esfera celeste, más alejada que el Sol[15]. Es lo que hace que su disco no sea eclipsado durante seis meses completos[16]. Es lo que hace que él –el Sol- describa en su curso oblicuo una línea sinuosa. Y mientras que la Luna vagabunda sigue los derroteros de su invariable trayectoria, el Sol franquea los obstáculos que se oponen a sus rayos. Él aparta el manto de la noche y lanza hacia su hermana torrentes de luz. Todo esto ocurre por una causa análoga a la que apaga, de repente, en la sombra el resplandor sagrado del Sol. La luna extiende su cuerpo privado de luz entre este astro y la Tierra, y ella intercepta sus rayos antes de que lleguen hasta nosotros.


[1] Ese Tú es San Isidoro de Sevilla, a quien dedicó el poema, a cambio de la dedicatoria de la obra @De rerum Natura” del Obispo de Sevilla.

[2] Pierio, padre de los piérides, Rey de Macedonia.

[3] Hipérbole, para significar el punto de su ardor guerrero.

[4] Sisebuto combatió a los dos pueblos rebeldes, incluso por mar, antes de que sucedieran los eclipses motivo del tema de su composición.

[5] Febo, Apolo, dios de
la Poesía, asimilado al Sol.

[6] Su corona de rey, se vería así más augusta todavía, con la de yedra de la poesía. Es una manera de hacer ver que quien escribe es monarca.

[7] La naturaleza a contraley es un tópico amoroso, en el que el amador despechado asimila el rechazo de su amada a lo más absurdo, que Sisebuto traslada al plano poético

[8] El peso de la guerra, y en general, el que suponen todas las cargas reales.

[9] El Astro, aquí, es
la Luna.

[10] Los eclipses de principio de siglo y los de su reinado hicieron crecer entre el pueblo las supersticiones populares, propias de la paganía, en las trompetas, se decía, poseían el poder de desviar la luna.

[11] Cosmogonía debida a Ptolomeo.

[12] Hace alusión a lo imperfectamente liso de la superficie terrestre, con sus estribaciones y montañas.

[13] En realidad, el sol es, en diámetro, más de cien veces más grande quela Tierra. Sisebuto sigue a Ptolomeo.

[14] Asemeja la luna a la visión mitológica del Sol, un carro tirado por Apolo.

[15] La esfera celeste es la más alta de todas y encierra a todas las demás. La luna obedece al giro de esa esfera.

[16] La esfera terrestre, al ser responsable del giro de
la Luna, hace que los eclipses no duren seis meses: medio año. En el imaginario de Sisebuto,
la Tierra estaría siempre entre el sol y la luna, pero sus movimientos son desacordes, y de ahí la irregularidad de los eclipses.

BALADA DE LOS RESIDUOS SÓLIDOS

Viernes, 26 Junio, 2009

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Sucede a la primera hora de la noche. Muchos vecinos sacan a la calle sus residuos sólidos: una armario viejo, un sillón roto, un ordenador obsoleto, un colchón con manchas pecadoras… Luego, antes de que venga el camión del servicio municipal, llegan los quincalleros y otros agentes humanos de limpieza por libre, y se los llevan. Muchos de ellos encuentran nuevo amo, y nuevas intimidades. ¿Quién sabe?
Son objetos personales, que un día fueron íntimos, y hoy los apartamos. Mientras nadie se los ha llevado, parece que lloran, y muestran, impúdicos, los restos de una privacidad que un día consideramos sagrada. Acaso antes no pasaba eso, y los enseres duraban toda la vida. Más o menos, estamos ante un nuevo costumbrismo urbano. No morimos con nuestros muebles. Les sobrevivimos. Y eso puede que sea traición. Aparte quede, de este planteo, la necesidad de la economía que nos sustenta, de renovar suministros, para que todas las industrias prosperen. Eso es otra cosa. Hablo ahora de esa separación, antes considerada contra natura. La cuna donde nacieron los hijos, la mesilla que tanto supo de nuestros sueños, la mesa camilla, que calentó inviernos, el sofá que vio el cambio de la tele en blanco y negro a color o a tdt… Y tantas y tantas cosas, que cualquiera podríamos seguir enumerando.
La vida moderna impone el abandono de lo viejo y el cambio. Antaño, eso sólo se hacía en la noche de San Juan. Se quemaba lo viejo,posiblemente, para que nadie lo viera, para que ninguno pudiera espiar lo que fue nuestra intimidad, más que los escasos minutos en que se tardaba en enterrarlos en la pira, preparada desde un día antes. Hoy, todos los días pueden ser San Juan. Y sin hogueras. Pasear en la media luz las calles de tantas ciudades se parece mucho a pasear por un cementerio de cadáveres sin enterrar. Por eso, pensamos, nuestros muebles, en casa otra, no serán sino zombies.
Pero también sucede, ay, que pronto los olvidamos. Y descubrimos que no eran nuestra piel. Que no hay piel alguna. Y somos nosotros sólo quienes nosotros somos. Y todo lo demás… ya no es nosotros. No bajéis a la esquina a ver qué ha sido de los muebles y enseres dejados al albur del que llegue. No creo imagen más triste que la de ver a alguien, llevándose lo que creímos ser algún día. Volved después, siempre. Vale.

DISFRACES

Martes, 23 Junio, 2009

Infinito 

Alma, cerebro,

mente y espíritu…  

Disfraces del yo,

que no existe desnudo,

vienen todos a ser.  

Elija cada cual

entre todos

el disfraz suyo.   

Y descifre con él,  

los hondos y arcanos,

insondables

secretos del mundo.

EN HOMENAJE A RAFAEL DE LEÓN

Viernes, 12 Junio, 2009

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            Escucho tocar la guitarra flamenca a un amigo aficionado. Luego, en casa, doy en leer los versos antologados, de Rafael de León. Y, entre una cosa y otra, me van saliendo estos versillos como de copla, pero que, en el fondo, dicen algo, si se les presta atención. Hablan de la voluntad del querer, como si fuera el querer pajarillo que pudiera ser enjaulado. Un tópico popular, manido si se quiere, pero que ha surgido en mí, libre y auténtico, aunque apadrinado, confesado queda, por una guitarra flamenca y las inmortales letras del Maestro Rafael de León.
Sí, son versos proyectados de otros versos, que no surgen de la vida que refieren. Pero todos los versos son versos, incluso los que no son poesía. Ahí van, pues, en homenaje a la memoria del Maestro. Saludos.

 “Querer quererte…

no es querer”.

Me dices clavando en mí

tus ojos, fijamente.

  Querer no es,

sobre las aguas,

hacer un puente.

  Querer es

atravesar un río,

y que te lleve la corriente.

  No es levantar murallas,

que te defiendan siempre.

  Es sentirte asaltado

y estar esperando

a que alguien venga

a darte muerte.

  No es flor de concurso,

cuidada primorosamente.

  Es, sobre las ruinas

de la voluntad,

surgir una rosa silvestre.

  Es, al sonar

un pellizco de guitarra,

sentir saltar al duende,

y hacer alejarse

al ángel de lo perfecto,

aburrido y solemne.

  Querer es

sentir tus ojos negros

clavados en mí,

como un rejón de muerte,

diciéndome

que no me quieres.

  Y es  buscar las tablas

como el toro ya estoqueado

para doblar las manos,

rindiéndose definitivamente.

“No me digas

que quieres quererme

-escucho que me dices-

que es el querer

cosa que nadie en el mundo

llegar a ser su dueño puede”.

                          

UNA HISTORIA HOMÓFOBA: FRIEDRICH DER GROSSE Y VON KATTE

Lunes, 8 Junio, 2009

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Hans Hermann Von Katte (Georg Lisiewki)

            Una fría mañana de Noviembre, en el Castillo de Kustrin, entonces Prusia, actualmente Polonia, era decapitado en ejecución sumaria, el teniente del ejército prusiano Hans Hermann Von Katte. Transcurría el año 1732. Su delito era haber sido amante del Príncipe Federico, más tarde llamado el Grande, uno de los hombres que hizo de Europa lo que hoy es. Von Katte había sido conocido mujeriego hasta la fecha. Una de sus despechadas nos legó una descripción de hombre poco agraciado, al que afeaban en demasía sus pobladas cejas. El pintor rococó Georg Lisiewki nos legó un retrato suyo, ataviado como oficial de un ejército más parecido al muy anterior de Luis XIV de Francia, que al muy posterior del propio Federico el Grande, el amor de su vida. Von Katte, envuelto en ocres y rubicundeces, parece trasunto mismo del oro en el lienzo.

            Parece ser que el flechazo entre ambos fue inmediato. En 1732, Federico tenía 20 años. Aquel día de Noviembre fue obligado, desde una ventana del castillo-prisión, a presenciar la decapitación de su enamorado. Von Katte fue profunda y sinceramente religioso toda su vida. Cuentan crónicas que las últimas palabras suyas fueron: “Señor Jesucristo…”. Dos años antes, buscando sin duda mejores latitudes para sus amores, habían pretendido ambos fugarse a Inglaterra. Fueron interceptados, y el teniente condenado a una larga pena, por el delito de deserción. Federico Guillermo, el rey de Prusia y padre de Federico, consiguió que la pena fuera conmutada por la decapitación. Y ordenó que su hijo viniera obligado a presenciarla. Es posible que haya habido historias sangrientas de homofobia en la historia universal de la iniquidad, pero ninguna tan especialmente cruel como ésta.

            Poco más tarde, Federico fue obligado a casarse, a fin de poder obtener el derecho al trono. Nunca consumó el matrimonio y no tuvo descendencia carnal. Su legado a la humanidad fue el de proponer una visión de la monarquía providente. Sus leyes, su acogida a toda Ilustración –jesuitas expulsados del sur de Europa, católicos, incluidos- y su concepción del mando como agente de la prosperidad dieron un vuelco al sentido del arte de gobernar.

            Los dos amantes habían crecido en el estudio de la lengua francesa y la Ilustración. Acaso por tal suceso creyeron en la libertad, e intentaron vivir la libertad que más estimaron libre: la del amor, y una mente criminal y retrógrada se lo impidió. Jamás el rencor dictó el proceder de Federico, que, entre otras cosas, también por eso fue Grande. Vale.

EL GOCE LECTOR

Martes, 2 Junio, 2009

LA

            Cuando ya hemos leído, el concepto “comprensión lectora” no ha sido sino un método, un camino. La meta, siempre, es el goce lector. Leemos para gozar. No para entender. Entender es una meta transitoria, volante. Leemos para gozar, con unos matices más o menos sensitivos, más o menos intelectuales; pero leemos para gozar. No leemos para comprender. Comprender es la puerta del gozar. No nos detenemos bajo el umbral de la puerta de la casa a donde vamos. Atravesamos ese umbral, el entender, el comprender, y pasamos al salón del goce. “Comprensión” es una palabra abstracta. No huele, no tiene sabor, no se oye, no se toca, ni siquiera se ve. Es eso, un concepto abstracto. La palabra goce es plurisensitiva. Es como la unión de todos los sentidos. Es un sentimiento interno. Y se parece más a un sentido pleno, que a una idea abstracta.

            Por eso, en las escuelas, habría que reivindicar el sentido del goce lector, antes que el de comprensión lectora. Incluso, la comprensión puede faltar, y estar presente el goce. Cuántas canciones, mal escuchadas y con su letra confundida, nos han hecho gozar aun con esa letra confundida. Un acento desviado, caso tan concurrente en las letras de canción, una palabra desconocida… no han sido obstáculo alguno para sentir el alcance pleno del sentimiento que esa canción comportaba. El goce lector es la mejor manera de conocimiento que hay. No es una diversión, ni una frivolidad, preferir aprender un poema con todas sus inflexiones, con todos sus énfasis, con cierta dosis de expresión corporal incluida, que conocer todos los detalles de su estilo, de su escuela poética. O representarlo, como un monólogo breve. Un texto ya gozado comprendido en su esencia, queda dispuesto para que se alcance la totalidad de su comprensión. La totalidad de la comprensión de un poema no es imprescindible para asumir el goce del mismo.  Vicente Medina lo entrevió magistralmente, en “La Canción Triste”, en donde oyendo declamar en la calle a un extranjero solo y abandonado, dice: “y es verdá que ninguno lo entiende / ¡pero lloran tós!” Pues eso es. Aún no entendiendo palabra alguna, podemos echar a volar el sentimiento.

            Ningún escritor escribe para que le midan las sílabas, le cuenten y expliquen con mil esquemas sus metáforas o rastreen sus ecos clásicos. Los escritores escriben para expresar su adentro, sentimental o cerebral, pero, en todo caso para mover el alma. No buscan un cerebro lector que simplemente decodifique su mensaje, sino que buscan un corazón que comparta sus inquietudes. Gozar es superior a comprender. Vale.