Archivo para Julio, 2009

MEDIA LUNA CRECIENTE, AMENES DE JULIO

Miércoles, 29 Julio, 2009

MDC

           

            Hay media luna, creciente, en estos amenes de Julio. Sale por el oriente marino occidental, y se mete, agrandada, por el sur caído a occidente, cual media pelota que botara por el cielo, vagando desde la pared del confín donde chocara, buscando rebotar de nuevo, como aquellas pelotitas de los salvapantallas de cuando la prehistoria de los ordenadores. Es medio veraneo y es media luna. Todo es medio, mitad ahora, casi Agosto ya. Medio año también es. O la vida misma, que siempre está a medio, aunque un día estará en final. Mientras hay mitades, hay vida. Por eso, la media luna creciente es vida. Algo inacabado.

La veo flotar en el cielo, ya celada por las nubes, ya libre, mostrando sus cicatrices de vida, sus cráteres, que son su personalidad. Nosotros, los humanos, escondemos los cráteres que la vida infiere. O sólo los mostramos a algunos. La luna los muestra a todo el que la quiera mirar. Y son bellos. Mucho más bellos que alguna supuesta lisura que no sé qué circunstancia cósmica le permitiera tener, que la protegiera de los meteroritos y otros impactos celestes.

Sí, es la vela de un barco que sólo tiene perfiles, no volúmenes, y que no vemos porque los esconde la oscuridad. La media luna creciente es la vela en través de un barco nocturno, que vigila los cielos de piratas y bucaneros, que los hay, entre las estrellas y los astros, los cometas y los agujeros negros. Es la patrulla de la noche. Todo, a su paso, calla y aquieta. Ordena silencio y calma la media luna llena. Es como la heraldo de su hermana, la luna llena, que ya no es heraldo, sino Dama de
la Noche.

            Pero ahora sigue siendo la patrulla nocturna del mar, que hace ronda por este hemisferio, pidiendo a las estrellas el santo y seña. A bordo de la nave, en bajo de la vela, perfiladamente invisible, va un capitán, ataviado a la federica, de blanca peluca y tricornio de primor. Y porta un catalejo, con el que otea el cosmos que viene por delante. De vez en cuando, tira de las drizas y endereza el rumbo, que la marea cuántica desvía.

            Si aprestáis el oído bien podéis escuchar el fragor del velero surcando los sutiles fluidos del éter, y al viento magnético inflar la impar vela de la media luna creciente. Vale.

POEMA DE MAR EN ALBORÁN

Viernes, 24 Julio, 2009

E

 

  Atravieso el Mar de Alborán

en un ferry,

desde Melilla hasta Almería.

  Por la borda de estribor

se ve la mar rizada,

con blancas espumillas

que parecen alejarse del Atlántico.

  Los dos azules, el hondo de la mar,

y el claro de los cielos,

me hacen ambos, juntamente, compañía

  El tórrido sol del verano

y del poniente la fresca brisa,

componen una estampa viva,

que le sirven de ventanal

de par en par abierto,

al alma en tránsito mía.

  De vez en cuando,

agua hendida por la proa

hasta mi rostro sorprendido salpica.

  Asomado al mundo así,

con las manos sobre el alféizar

de esta ventana marina

contemplo esta metáfora

de la libertad y de la vida,

que es el mar abierto

de horizonte y lejanía.

  He visto delfines

que se sumerjen a proa,

jugando a pasar bajo la quilla.

Y he visto a la bruma

convertirse en quebrados perfiles

de costa y serranía.

  Me he sentido bien,

contemplando la estela

que el barco, por su popa,

sobre la mar dejando iba,

como largo velo de novia,

ornado con primores de encajes,

y labrado en bordados y puntillas.

  Novia feliz era la nave,

Novio aguerrido el oleaje.

Testigo era yo.

Oficiaba, serena, la Poesía.

DESGLORIA Y MALHABIENCIA DEL MORATO ARRÁEZ

Domingo, 19 Julio, 2009

            Fausilla

Pico del Moro, en la Sierra de la Fausilla, al final del desfiladero de El Gorguel, con los supuestos perfiles del Morato Arráez (el círculo blanco es el ojo, a su derecha, el turbante; hacia la izquierda, resto de la figura)

            ¡Desgloria haya y malhabiencia tenga por siempre el Morato Arráez! Había nacido cristiano en Albania, tierra por frente de la ítala en el Adriático. Y por más convenir a su espíritu desleal, hízose moro en Argel, sirviendo al demonio Barbarroja, que Dios pusiera en el mundo para castigo de españoles y católicos. Discen lenguas que llegó este Barbarroja a facer monte con cinco mil cabezas de españoles que tomó cautivos en guerras navales habidas en Berbería. Morato abrazó a Mahoma, y asentóse en Salé, ese puerto berberisco que al Océano toca que no al Mar de Roma. Y desde allí, al mando de cientos de otros renegados y aun naturales de lugar, surcaba al corso los mares todos, desde su rada atlántica hasta las islas mediterráneas de Aragón. 

            Y acá en la cartagenera costa, primera cristiana en España y aun en Europa, por gracia de Santiago Zebedeo, dio en la costumbre de fondear para hacer aguada, carnaje, maderas y esclavío en las buenas gentes de la comarca del Rincón de San Ginés. En una dellas, llevóse a mi padre, que había ido hasta La Fausilla, de labrantín, que era villa con huerta y establo, desde los tiempos romanos, que le dieron nombre. Fausilla era nombre de sierra, mas el caserío alzado en su falda, se regaba con las aguas de un arroyuelo que bajaba del que llamaban Pico del Moro. Y que es una cumbre que señala las formas de rostro de un árabe, justo en la cima de La Fausilla. Un rostro acostado, que posee turbante, ojo horadado en bajo de frente, nariz, labios, barbilla, y aun perilla, como era de uso de los caballeros zenetes del antiguo reino moro de Granada.Y que pienso ahora no sea la faz misma del Morato Arráez, que si no fuera porque mis mayores dixeron siempre que tal figura estaba allí desde los tiempos del César Carlos, y aun antes, dixera yo que eran los perfiles del malvado Morato Arráez que perpetuarse quiso ante las gentes que tanto y tanto fizo sofrir.

            Morato Arráez esta vez no aguó en Portmán. Fondeó sus barcos en Calblanque, y con otros 500 hombres sin nación, bordeó el Cabezo de la Fuente. Contempló la costa del Bélich o Mar Menor, y comprobó a la vista que los españoles habían fortificado la Torre del Rame o del Ballestero, en la llanura marina.

            Determinóse entonces, por ver el llano protegido, de seguir hacia Atamaría y Portmán, que bien conocía de otras veces. Fizo estrago en los pocos vecinos de la aldea de pescadores, y tras matar pastores y llevar ganado de cabra y oveja, subió por los montes que los antiguos fenicios habían horadado para minar y fazer plata y otras riquezas de lo hondo. E que, discen libros, era llevada a la mesma Jerusalén, para el Templo del Rey Salomón de los Judíos.

            Ansí, Morato Arráez luego bajó por la rambla que llega a la mar en la ensenada de Escombreras, que toma el nombre de
la Isla que el puerto de Cartagena resguarda de Levante, e que llamada era antes de Hércules por creerse que allí moró el falso dios de los griegos cuando vino a la Bética para lidiar con el rey Gerión, pastor de toros. Aquesta rambla se encauza entre dos sierras que la esconden hasta casi desembocar en la bahía misma de la ciudad que Mastia dijeran antiguos, y que es la más anciana de todo el español reino. Atravesó El Gorguel, donde pasó a cuchillo a las familias que allí acaescían, de su mala fortuna, tomando caracoles, pues era Octubre y había llovido los días de antes, y siguió rambla abajo hasta ver los adobes e texado de
La Fausilla, sobre un altozano encima de la cada vez más ancha rambla, altozano previo a la mole primera que guarda a levante el puerto de Cartagena. Allí fue cautivo mi padre, al que ya no volví a ver. Asaz pequeño era yo, e non recuerdo nada dél, salvo lo que mi madre me contara una y otra vez entre lágrimas.

            Dicen que anduvo la sierra más de diez días, y que no estando apercibida tropa en Cartagena, y sin servicio las galeotas del rey, llegó hasta mi lugar y aldea de Los Alumbres, desde donde ya se divisa la llanura del Campo de Cartagena y las sierras de Murcia.

            En algún lugar de preferencia atroz del averno, se halle ahora su alma doble de renegado y apóstata. Y que el Cielo me dé a mí la gracia de perdonarlo, para que, a mi vez, pueda yo salvarme, que no hay paraíso para quien no ejerce hacia otros, lo que Dios Nuestro Señor hizo con nosotros mismos. Amén. (Vale).

           

PARÍS BIEN VALE UN CAFÉ

Miércoles, 15 Julio, 2009

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  Hoy quiero imaginarme en París.

Sentado en los Campos Elíseos,

con el Arco del Triunfo en perspectiva.

A mi derecha preferentemente, si me lo permitís.

 

En una terraza, con un café y un perrier.

 

  Hay un acordeonista de atrezzo,

y una edithpiaff de guardarropía

cantando “non, je ne regrette rien”.

Y pienso que yo seré también,

para los demás, un personaje escénico.

Voy solo, fumo en pipa, uso gafas

y anoto cosas en un libro

con hojas en blanco de tapas negras.

Un sombrero panamá y un cuidado abandono

hacen de mí un escritor bohemio,

pero muy contenido.

En la silla de al lado yace breve mochila,

apenas abultada. Y, ya conocéis,

mi torpe aliño etcétera…

Por demás encanecida y breve,

uso barba pobre, correcta y descuidada.

 

 

Otoño será, y no me arrepiento.

Últimos de Octubre,

probablemente por la tarde.

El sol estará a punto de ocultarse

no sé por dónde.

Y las frondas amarillean por doquier.

Por aquí y por allá,

el glamour de alguien famoso

excita las miradas de los turistas,

que se dan en el codo,

casi señalando, y cuchicheando entre sí.

 

El cuerpo me dice

que hay felicidad climática,

y, mientras pintarrajeo

el bodegón urbano del café

la cucharilla, el servilletero

y la botellita medio vacía,

sostenidos por un endecasílabo:

 

-París, con un café: nada más quiero-

 

doy en conceder que si hay cosas

bien pensadas en este mundo

por el ser humano,

una de ellas ha de ser ésta…

la de imaginarse, digo,

allá en los Campos Elíseos

un atardecer de octubre,

en el que será muy hermoso

no pensar, ni querer,

y sentirse parte consciente

del gran teatro del mundo.

 

Con un papel de figurante,

salir a escena, decir tu frase,

y hacer mutis sencillamente….

dejando luego que la gloria,

de otros orne las sienes

con los inmortales laureles

de que está hecha la posteridad.

 

A mí, os repito,

me basta París, con un café

y una libreta en donde

escribir y dibujar.

Nada más, eso es todo.

 

Ah, no, se me olvidaba:

hay una silla vacía

por si pasáis por mi ensueño,

y os apetece un café,

conversación poca

y todo el encanto

de un atardecer de otoño,

en París, en el boulevard

des Champs Elysées…

OLOR A TIERRA MOJADA

Lunes, 13 Julio, 2009

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            Llegan noticias de las primeras tormentas de verano por el interior. Y allá donde no haya causado estrago, la lluvia habrá sido eso: lluvia, y habrá hecho brotar del suelo virgen, el universalmente plácido olor de la tierra mojada. Y a mí, urbanita por mor del destino disfrazado de voluntad mía, me entra una nostalgia profunda de cuando fui, efímeramente, habitante del campo.

            El olor a tierra mojada es como un beso de la madre común de todos, la Tierra. Un beso que subiera hasta nuestras pituitarias impelido por esa misteriosa física de las partículas liberadas de la gleba, precisamente la que más agrada a la química de nuestro órgano olfativo. Y así, nos sentimos hijos suyos de nuevo, y no arrullamos al abrazo cálido de ese olor que no nos abandona, con tal de que no dejemos de pisar el terreno.

            Quién sabe en qué recoveco del Magno Proyecto de la Creación, o del Formidable Azar de la Naturaleza para otros, se dispuso este pequeño gran acierto de la existencia de la tierra mojada y de su olor inherente. Olor, que no aroma ni perfume. Aroma o perfume, sentidos son de otros amores, que no los materno-filiales. Hay una castidad medular, nuclear, en el olor a tierra mojada, que aumenta si en verano acaece. Es para todos, y a todos abraza, y a todos gusta. Es, dicho quedó, el abrazo de nuestra madre. Un abrazo que nos hace niños de cuna, que precisan mimos, canciones a media voz y juegos elementales para ser entretenidos.

            Cómo ansiaría recordar la primera vez que olí a tierra mojada, pues siempre es única, la vez primera, que no las demás. Pero ya el tiempo se me come los recuerdos, y apenas va dejando recuerdos de haber recordado verazmente. Y ahora, noticia sólo tengo de que, por algún paraje del Altiplano ha debido oler a tierra mojada todo un día…  Ya no es recuerdo de olor: noticia sólo es. Pero no importa, bástame saber que el hecho se ha producido, y me alegro con los que allá, por cualquier parte donde haya llovido, hay gentes sencilla y libres, que han dado en recibir de nuevo el beso hermoso de

la Madre Tierra. Qué importa que yo no sea uno de los besados. Algún día, cuando mi sabiduría llegue a saber lo que vale la pena de verdad, volveré a donde llueve, y se inunda el aire de olor a tierra mojada. Vale.

 

ESBOZOS DE SALZILLO

Viernes, 10 Julio, 2009

BS

             Acudo a la ampliación del Museo Salzillo, y me integro en la cola que acompaña al Presidente en la visita inicial. Subimos por los laberintos del enclave, y llegamos al deambulatorio alto del templo-museo. Allí, los elementos de la Cofradía de Jesús museables. Lo más impactante viene en la sala donde están los bocetos del genio o de su taller. Es lo que más me emociona. El barro cocido, donde la creación del artista pasa por primera vez de la cabeza a la materia. El barro tiene una nobleza que luego, en la talla definitiva, torna aristocracia. La nobleza es humilde y veraz. La estatuaria como obra terminada tiene ya, necesariamente, mucho de espectáculo. Su resonancia es otra. En el barro cocido estuvieron los dedos creadores del genio, modelando, limando, acariciando… En la estatua entregada ha mediado la espátula, el cincel…

            Y por eso, ante el barro, me emociono. El ser humano comenzó a modelar con el barro, con la arcilla, al ver que sus manos dejaban huella tridimensional sobre aquella materia maravillosamente moldeable. Además, las manos fijan ese tamaño perfecto de objeto que lo que dominamos requiere: una dimensionalidad adecuada para tomar entre las manos. Y me muero de ganas de poseer esa capacidad que las películas modernas de falsa fantasía imaginan de traspasar la materia, y llegar a tocar las estatuillas, y acariciarlas, y acercarlas a la mirada. Y gozar sus imperfecciones, que no son sino muestras de esa magia que sólo tiene el boceto, y que en la obra realizada se ha convertido en perfección, esa simpleza que tanto gusta.

            Ante el boceto nuestra sensibilidad inteligente pone lo que falta, partiendo del regusto de estar ante el patrón magistral labrado por el genio. Yo había visto el boceto de San Ignacio, que quedó sin hacer por la expulsión de los Jesuitas. Y ya sentí esa emoción que canto ahora. Y que es tener ante sí una eternidad finita para ver estos bocetos, donde duerme el sueño de la gestación, la obra de arte maestra. Y vemos aún el barro primigenio, pero entrevemos todo el significado del acabado. Y entendemos que el Arte es algo que se aumenta y se añade a la Creación. Nada es el barro, todo lo es la figura de catálogo, pero sólo algo, nada más y nada menos que algo, es ese boceto que las manos de nuestros ojos acarician sin cesar. Vale.


VERANO Y SOLEDAD

Martes, 7 Julio, 2009

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       El libro del verano tiene unas páginas de soledad. No son muy espectaculares, pero son. Nos despedimos de los compañeros de trabajo, y de los vecinos. Algo de nuestro entorno cambia, y por ello, nosotros cambiamos también. De pronto, dejamos de ver esos espejos que son los rostros de siempre, y en los que nos miramos sin saber que nos miramos. Y hallamos otros, que no nos dan, en principio, su clave para descifrarnos. El calor es una llave de portalón antiguo, que abrimos poco a poco, con aprensión. Hemos dejado un camino transitado, con gentes que van y vienen, y se cruzan y nos adelantan y que adelantamos… Y llegamos a una venta o castillo, como Don Quijote, donde la sorpresa puede saltar, pero, en principio, nada desconocemos. Y sucede que echamos de menos a la gente del camino, de nuestro camino.

           El verano es un remanso del río, un prado verde para la romería, como aquella de Gonzalo de Berceo. Lo esencial del río, del peregrinaje… no es la parada. Es el andar. Y el verano es un detenerse. Y detenerse es la soledad. No tenemos más espejo que nuestra conciencia. Y con ella, a solas, nos sentimos solos. Yo no sé si canto bien a esta soledad que digo. Pero sí sé que es ella la que me escoge a mí para ser cantada en esta prosa quebrada que me lleva por los caminos de la metáfora y el símbolo.

           Hay un encontrarse con uno mismo en el verano. Aunque, seguramente, haya quien no lo experimenta. Veo yerro en el buscar aglomeración y multitud en el estío. Compañía, gente nueva con la que compartimos, sí, espacio, momento… pero que no son nuestras gentes, las que nos hacen ser lo que somos. Y no lo que impostamos. En el verano, nos impostamos más que nunca. Huimos de la ontología personal de nuestro yo.

           Pero las cosas que pasan suelen ser sabias. Y debe estar bien que así sea. Acaso necesita ese yo raíz del invierno, un descanso, una pausa para fortalecerse, como el ayuno para el asceta. Qué sé yo… Un rigor de alienación, un pulso de extrañeza, una implosión de otredad. Y quizás sea mejor obedecer a este mandato leve de soledad estival, y no indagar, no inquirir en su porqué. Y dejar al remanso que se remanse, y dejar al prado verde que se emprade verdemente.

           El verano, sí, es una de las casas de la soledad. Vale.

SIGNIFICADOS

Miércoles, 1 Julio, 2009

fc

Todas las cosas significan algo.

 

Aun las que nada significan,

en el fondo,

siempre significan algo.

Un objeto,

un paisaje,

un reloj y un cuadro.

 

Lo que sí hay

son gentes

que no saben

que las cosas significan algo.

 

A veces,

yo quisiera ser de esas gentes

que ignoran

que todas las cosas significan algo.

 

Y ser feliz

como ellos,

inconscientes y primarios.

 

Pero, siempre,

al final,

acabo diciendo que sí,

que es mejor,

saber que las cosas significan algo.

 

Y no pasar por la vida,

ignorando

que todo significa siempre algo.

 

Los significados están ahí.

y claman

por lo que ellos mismos son,

desde las cosas que observamos.

 

Aunque, muchas veces,

claman las cosas

por lo que nosotros mismos,

sobre ellas proyectamos