PARÍS BIEN VALE UN CAFÉ

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  Hoy quiero imaginarme en París.

Sentado en los Campos Elíseos,

con el Arco del Triunfo en perspectiva.

A mi derecha preferentemente, si me lo permitís.

 

En una terraza, con un café y un perrier.

 

  Hay un acordeonista de atrezzo,

y una edithpiaff de guardarropía

cantando “non, je ne regrette rien”.

Y pienso que yo seré también,

para los demás, un personaje escénico.

Voy solo, fumo en pipa, uso gafas

y anoto cosas en un libro

con hojas en blanco de tapas negras.

Un sombrero panamá y un cuidado abandono

hacen de mí un escritor bohemio,

pero muy contenido.

En la silla de al lado yace breve mochila,

apenas abultada. Y, ya conocéis,

mi torpe aliño etcétera…

Por demás encanecida y breve,

uso barba pobre, correcta y descuidada.

 

 

Otoño será, y no me arrepiento.

Últimos de Octubre,

probablemente por la tarde.

El sol estará a punto de ocultarse

no sé por dónde.

Y las frondas amarillean por doquier.

Por aquí y por allá,

el glamour de alguien famoso

excita las miradas de los turistas,

que se dan en el codo,

casi señalando, y cuchicheando entre sí.

 

El cuerpo me dice

que hay felicidad climática,

y, mientras pintarrajeo

el bodegón urbano del café

la cucharilla, el servilletero

y la botellita medio vacía,

sostenidos por un endecasílabo:

 

-París, con un café: nada más quiero-

 

doy en conceder que si hay cosas

bien pensadas en este mundo

por el ser humano,

una de ellas ha de ser ésta…

la de imaginarse, digo,

allá en los Campos Elíseos

un atardecer de octubre,

en el que será muy hermoso

no pensar, ni querer,

y sentirse parte consciente

del gran teatro del mundo.

 

Con un papel de figurante,

salir a escena, decir tu frase,

y hacer mutis sencillamente….

dejando luego que la gloria,

de otros orne las sienes

con los inmortales laureles

de que está hecha la posteridad.

 

A mí, os repito,

me basta París, con un café

y una libreta en donde

escribir y dibujar.

Nada más, eso es todo.

 

Ah, no, se me olvidaba:

hay una silla vacía

por si pasáis por mi ensueño,

y os apetece un café,

conversación poca

y todo el encanto

de un atardecer de otoño,

en París, en el boulevard

des Champs Elysées…

6 comentarios a “PARÍS BIEN VALE UN CAFÉ”

  1. supersalvajuan dijo:

    Y la cafetera entera.

  2. Rubén dijo:

    Yo quiero acompañarte, Santiago. Qué atmósfera más dulce y más envidiable. Excelente

  3. OLGA dijo:

    ¡Precioso!
    ¡Qué ganas dan de volver a París!
    Que estupenda la átmosfera que has conseguido

  4. rosa caceres dijo:

    Has logrado pintar un perfecto cuadro de ambiente urbano tan sugerente que creo que nos has creado a todos el deseo de acompañarte en tu ensoñación y ocupar esa silla vacía que tienes al lado en esa terraza con edidpiaf y todo, que tan amablemente nos ofreces. Me temo que si no fuera-como es- una ensoñación, en cuyos límites nebulosos todo cabe y todos tenemos sitio, iba a haber puñaladas por la dichosa silla.
    Fuera de bromas, son versos ensoñadores y tan llenos de viatalidad, de saber paladear la vida sorbo a sorbo- como se paladea el buen café- de carpe diem en definitiva, que no nos queda otra que felicitarte y emprender ese vuelo imaginario hasta ese París ideal, sin apresuramientos, ni atascos, que quién sabe si visto en vivo es tan bello como entrevisto a través de tu ensoñación poética.

  5. Charo dijo:

    Hace apenas un mes que estuve en París, y me has avivado las ganas de volver con que regresé, aunque a decir verdad has conseguido que viajara con la imaginación, y se me antojara un sueño absolutamente real. Hasta me parece oler ese café…
    Un abrazo

  6. Mar dijo:

    Has plasmado con tus pinceladas en forma de poema un marco incomparable.

    Me gustaría acompañarte ocupando esa silla vacía.
    No te conozco personalmente, pero con tu descripción me va a resultar fácil encontrarte.

    Non rien de rien
    non je ne regrette rien
    ni le bien qu’on m’a fait
    ni le mal tout ca m’est bien ‚gal

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