
Atravieso el Mar de Alborán
en un ferry,
desde Melilla hasta Almería.
Por la borda de estribor
se ve la mar rizada,
con blancas espumillas
que parecen alejarse del Atlántico.
Los dos azules, el hondo de la mar,
y el claro de los cielos,
me hacen ambos, juntamente, compañía
El tórrido sol del verano
y del poniente la fresca brisa,
componen una estampa viva,
que le sirven de ventanal
de par en par abierto,
al alma en tránsito mía.
De vez en cuando,
agua hendida por la proa
hasta mi rostro sorprendido salpica.
Asomado al mundo así,
con las manos sobre el alféizar
de esta ventana marina
contemplo esta metáfora
de la libertad y de la vida,
que es el mar abierto
de horizonte y lejanía.
He visto delfines
que se sumerjen a proa,
jugando a pasar bajo la quilla.
Y he visto a la bruma
convertirse en quebrados perfiles
de costa y serranía.
Me he sentido bien,
contemplando la estela
que el barco, por su popa,
sobre la mar dejando iba,
como largo velo de novia,
ornado con primores de encajes,
y labrado en bordados y puntillas.
Novia feliz era la nave,
Novio aguerrido el oleaje.
Testigo era yo.
Oficiaba, serena, la Poesía.
Este artículo fue publicado
el Viernes, 24 Julio, 2009 at 1:12 pm y archivado en la categoría Literatura.
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24, Julio, 2009 a las 4:58 pm
Leyendo tu hermoso poema, has conseguido que haya participado en ese hermoso viaje.