
En Milán, con gusto os invito,
detrás de la Galería Vittorio Emanuele II,
-tan cerca del Duomo-
cómo no, a un capuccino.
Allí, junto a la multitud cercana
del entechado de cristal,
labrados muros de artificio
y ornada estatuaria de dioses y de mitos.
En taza de porcelana con dorado filo,
y bandeja de pastas, chocolate y barquillos.
Los camareros, de corbata,
plenos de exquisita atención y estilo.
Paz junto al tumulto inmediato
de turista y bullicio.
Hora y media estuve allí
a solas conmigo mismo,
dormitando, soñando,
repasando y perfeccionando en la memoria
los versos y las páginas
de este mismo libro que ahora escribo.
Park Hyatt se llama el milagro.
Allí os espero. Acudid sin prisas.
Si no estoy, ya sabéis…
Recordad este poema
mientras os traen el capuccino.
Reposad después y marchaos.
Olvidad que allí estuvisteis nunca…
hasta que vuestro espíritu, convulso,
precise de nuevo,
el llano inane de lo inefable y tranquilo.
Este artículo fue publicado
el Jueves, 13 Agosto, 2009 at 11:09 pm y archivado en la categoría Literatura.
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19, Agosto, 2009 a las 10:44 pm
Yo no sé si es entre dos mundos, o quizás donde el viento se detiene, o tal vez jamás se movió de allí…
Con una elegancia dibujada en la luz del olvido, en la más cercana de las mañanas, llega a mí este poema que quiere ser viaje y sueño y palabra…
Hay lugares que son como librerias misteriosas, como deseos por nacer, y que jamás llegarán a perderse del todo en nuestros ojos….
Maitina
20, Agosto, 2009 a las 10:20 am
Gracias, Maitina. Saber que gustan sus poemas es la mayor satisfacción para un escritor. Un abrazo.