CEMENTERIO DE COCHES

cc

            En uno de tantos viajes por carretera de este verano, he pasado varias veces por un cementerio de coches. Ahora se llaman desguaces. Lástima. Cementerio tiene un algo humano, que el tecnicismo desguaces no tiene. Y es que, con la difusión del coche, vino, ay, su deshumanización. Pero, al principio, aquello se llamaba eso: cementerio de coches. Arrabal escribió una obra de teatro con ese título. Pero ahora, ya no se llaman así.

            Y he vuelto a ver a los coches unos encima de otros. Y nunca me es indiferente. En cada coche de esos yacen montones de ilusiones y desilusiones. Pero a mí se representan aquellas primeras de cuando se estrenó el coche. Es incomparable la ocasión en que estrenamos coche, sobre todo hace algún tiempo. El ruido, novedoso; el tacto del volante, casi erótico; el olor, lo más unido a la sensación de estreno; la tecnología, insólita para nosotros… Y la alegría colectiva de la familia que ocupa los asientos por primera vez. Todas estas cosas fueron, siempre, para todos –por lo menos hasta diez años atrás- una ocasión memorable. Ocasión que, sin embargo, no sirve para fijar fecha. Los coches nunca tuvieron cumpleaños. Pero dieron felicidad. Luego, algunos, por desgracia, produjeron infortunio y llanto. Pero todos –todos- tuvieron ese primer día maravilloso de gozo y plenitud.

            Ahora son los muertos insepultos de un cementerio sin tumbas, donde los cadáveres se amontonan mutilados, ante la indiferencia de quienes pasan a velocidad a unos metros de distancia. Acaso algún coche nuestro se halle entre esos que digo, alguna vez. Y él nos presienta, y sienta vibrar algo de lo que nos hizo sentir en aquella fecha ida.

            No es dado rezar por los coches muertos en su camposanto de chatarra y herrumbre. Pero ese memento instantáneo que yo siento cada vez que veo esos coches que ya nunca rodarán… se parece mucho, os lo aseguro, a una oración. Un brindis por aquel día –que todos tuvieron- de primera vez. Cada uno distinto y todos iguales en la intensidad de ilusión. Más que colección de hierros oxidados, a mí me parecen testimonio de una felicidad pasada, que nadie quiere escuchar; pero que yo presiento grandemente. La felicidad del primer día de coche nuevo. Entre las felicidades pequeñas, quizás una de las más grandes. Vale.

7 comentarios a “CEMENTERIO DE COCHES”

  1. Wunderk dijo:

    A mí siempre me produjeron inquietud… Cuando de pequeña veía esos cementerios de coches me imaginaba que estaban ahí después de un accidente y entonces me imaginaba que junto a los coches habitarían fantasmas. Entonces por mi mente transcurrían múltiples secuencias de posibles y trágicos accidentes… Ufff.
    Hay uno en la carretera de Sucina que ahora contemplo cuando paso. Recuerdo la niñez y me sonrío por aquellos tétricos pensamientos porque lo cierto es que ahora las impresiones son más positivas… algo así como las que tan bien se expresan aquí.

  2. Rubén dijo:

    Yendo hacia Blanca, no muy lejos del cruce de Archena, hay uno de esos camposantos. Y a mí me llama la atención un coche que está en lo alto de un hierro, como si Atila lo hubiera empalado. A saber quién sería su dueño… Y peor aún: ¿lo habrá visto su dueño ahí, como un estilita derrotado?

  3. santdo dijo:

    Gracias, Wunderk; gracias, Rubén… Ya sabía yo que estos lugares emanan cosas… Ciao.

  4. klaiver dijo:

    Bonito, realmente bonito. Has recogido en palabras uno de los múltiples pensamientos que nos vienen a cualquiera y que realmente no concretamos, ya que se quedan en la abstracción de (casi) todo lo que uno ve conduciendo y, por tanto, no reciben el merecido texto. Enhorabuena.

  5. Rosa Cáceres dijo:

    Todo ese amontonamiento de carcasas metálicas tiene algo de infinitamente melancólico. Un cementerio de coches parece un decorado que se llenará de fantasmas, no sé si de personas o de ilusiones. Seguramente del conjunto que personas e ilusiones (¿acaso no somos todos mezcla de esos ingredientes, fisicos y espirituales?) que un día viajaron a bordo de los vehículos jóvenes (o nuevos) que fueron.

  6. santdo dijo:

    Klaiver, muchas gracias. Sí, en efecto, los sentimientos pueden vivir ocultos… hasta que alguien nos los hace ver. la verdad es que siempre quise escribir ese sentimiento. Un requiem por las primeras alegrías de todos y cada uno de los coches.

  7. santdo dijo:

    Rosa, re-bienvenida al blog. Te agradezco tu comentario, que ayuda a mi texto a la humanización de los coches.

Dejar respuesta

Tu debes autenticarte para enviar comentarios.