
Retomo esta frase de Petrarca para título de un cuento mío, e indago en el verso al completo del que lo he extraído. Se trata del final de una estrofa de una larga canción, cómo no, dedicada a Laura. Google me ayuda a encontrar el texto entero. Y tras ver tres traducciones de la estrofa, encuentro que ninguna me satisface, y decido hacer la mía. La mía, que no es una traducción, sino una traslación, algo de mucho más amplio sentido filológico.
El verso entero reza: Ch´un bel morir tutta una vita onora, en toscano antiguo de Petrarca. Lo primero que me encuentro es la brutal elipsis continuada del poeta italiano. Reminiscencia sin duda de aquel trovar clus de los provenzales, de los cuales él proviene, de cerca o de lejos. Y concluyo que mi versión eludirá las elipsis. Antes al contrario, las esclarecerá. Lo escribiré –me dije- en un estilo llano, extenso, fluido; a la manera moderna de la poesía española. O de una tendencia de la moderna poesía española.
El resultado me ha placido lo suficiente como para traerlo al blog. Petrarca significa como un vivir sin honor, vivir cantando la continua queja del desdén de Laura. Ahora bien, si consigue morir de amor, traspasado por la flecha de Cupido, sin emitir lamento alguno de dolor… entonces, habrá restañado toda una vida de sollozo amatorio.
Ahora bien, los poetas, los autores, no son dueños de la fortuna que adquieren sus escritos, parciales o completos. La frase Un bel morir tutta una vita onora ha servido para explicar muchas actuaciones que distan mucho de aparecer en el contexto en que Petrarca la utilizó. Por eso son clásicos. La fortuna dispuso de sus escritos, mucho más allá de sus intenciones. Por ejemplo, mi cuento. Una cosa que se pensaba de cuatro o cinco folios, y resultó de veinticinco.
He aquí lo escrito por Petrarca. Reconozco que no sé si la hache de honora fue escrita por el poeta o es añadidura de otros.
Chi nol sa di ch’io vivo, et vissi sempre,
dal dí che ‘n prima que’ belli occhi vidi,
che mi fecer cangiar vita et costume?
Per cercar terra et mar da tutti lidi,
chi pò saver tutte l’umane tempre?
L’un vive, ecco, d’odor, là sul gran fiume;
io qui di foco et lume
queto i frali et famelici miei spirti.
Amor, et vo’ ben dirti,
disconvensi a signor l’esser sí parco.
Tu ài li strali et l’arco:
fa’ di tua man, non pur bramand’io mora,
ch’un bel morir tutta la vita honora.
He aquí mi versión:
Nadie podrá saber de qué me he mantenido,
desde aquella vez que sus ojos viera,
que me hicieron cambiar vida y costumbres.
Aunque se busque por toda la Tierra,
¿quién puede saberlo todo de todos los hombres…?
Algunos hay, incluso, alguna vez leyera,
que se alimentan tan sólo de los aromáticos efluvios,
del gran río que habitan en su ribera.
Más raro yo, que de fuego y lumbre transcurro,
y que hago ayunar, sin amor, a mi hambriento espíritu,
para darle a comer, piadoso, el hielo que calma
[hoguera…
Amor, escucha lo que quiero decirte:
deja ya de ser tan cruel y avaro conmigo.
Tú posees el arco y las flechas.
¡Dame con tu propia mano la muerte,
sin que yo quejándome a gritos muera,
que un morir hermoso, puede honrar la vida entera!
Este artículo fue publicado
el Lunes, 7 Septiembre, 2009 at 9:11 pm y archivado en la categoría No categorizada, Literatura.
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7, Septiembre, 2009 a las 9:34 pm
Nuestras almas mejoran cuando accedemos a la Belleza. Y gracias a la labor de personas como tú es posible hacerlo a pesar de que esté originalmente formulada en otros idiomas. Un abrazo agradecido.
7, Septiembre, 2009 a las 9:57 pm
Gracias, Rubén. Qué bello verso, ¿verdad?
7, Septiembre, 2009 a las 10:41 pm
Advierto una errata en el primer verso. Donde dice: “Chi nol sa di chi vivo”, debería decir “Chi non sa di ch’io vivo”.
La traducción que usted propone es muy interesante, aunque yo la habría considerado a partir de los versos de Hernando de Acuña en su “Canción II” (vv.53-55) y habría seguido en esa línea.
Hernando de Acuña escribía:
“¿Quién no sabe de qué me he sustentado
desde que aquellos ojos vi primero,
que me hicieron mudar vida y costumbre?”
Hernando de Acuña: “Varias poesías”. Madrid, P. Madrigal, 1591.
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/67926286543469451965679/p0000005.htm
Consulto la edición de Bindoni e Pasini, 1532, y esa “h” que menciona aparece. Claro que con los siglos semeja al Guadiana, que aparece y no. Habrá que remontarse.
Y sobre todo, sería interesante localizar la traducción que Ángel Crespo realizó del Cancionero de Petrarca, que como sabe le valió el premio Nacional de Traducción en 1984. No lo tengo en mi poder, pero cualquier biblioteca que se precie la tendrá en sus estanterías.
7, Septiembre, 2009 a las 11:27 pm
Gracias, añado el pronombre en el verso citado. Y gracias también por poner sobre la mesa parte de la necesaria filología que le falta al blog, que es eso: un blog. Y gracias por su adjetivo de interesante a mi “traslación”.
Saludos, “Paolo Malatesta”.
8, Septiembre, 2009 a las 12:43 pm
Cómo me has traído a la mente nuestros años en la Facultad, cuando estudiábamos la obre de Dante, de Petrarca y de otros poetas geniales.
A mí el verso que has escogido me parece magnífico. Vale por todo un poema, por toda una filosofía de vida.
Me ha encantado la reminiscencia.
8, Septiembre, 2009 a las 3:50 pm
“¿Quién de lo que yo vivo es ignorante
desde que aquellos ojos he mirado
como me hicieron cambiar vida y costumbre?
Por más que en tierra y mar haya buscado,
¿quién conoce de todos el talante?
Vive de olor la muda muchedumbre,
y con fuego y con lumbre
a mis ansias famélicas yo cebo.
Amor -decirlo debo-,
no conviene a un señor el ser tan parco.
Tú tienes flechas y arco:
mueve la mano, y no anhelando muera,
que un morir bello honra la vida eterna.”
PETRARCA: “Cancionero”. Traducción, introducción y notas de Ángel Crespo. Bruguera, 1983, p. 268.
Como decíamos ayer, la traducción de Crespo le valdrá el premio Nacional de Traducción en 1984. Cuatro años después, en la edición que Crespo prepare para Espasa-Calpe, incluirá al final un texto de su autoría, titulado “A Francesco Petrarca, de su traductor”. El texto dice así:
“Si te presté mi voz sin desviarme
y sin ahorrar mi lima, no es engaño
pensar que tras sufrir mi postrer daño
tú salgas a mi encuentro a saludarme.
Una veste, tal vez, vengas a darme
de otro color y de distinto paño
que la que visto ahora; y será extraño
que otra canción no quieras enseñarme.
Presumo que las rimas que tú hacías
y que los versos con que voy vistiendo
tus ideas, las de otros y las mías
sean allá silencio, si no ruido,
y que al canto que ya estoy presintiendo
me inicies tú, que ya lo has aprendido.”
La referencia bibliográfica es:
PETRARCA: “Cancionero”. Traducción y prólogo de Ángel Crespo. Espasa-Calpe, 1988, p. 299.
P.D. Puede llamarme M.D., será más fiel a la realidad. Sigo señalando que su traducción es interesante, un hermoso trabajo, aunque me quede con los versos de Acuña y con el propio Crespo.
10, Septiembre, 2009 a las 12:42 pm
Es muy hermoso después de las vacaciones encontrarse con la belleza de tus artículos.
Saludos
Mar
22, Septiembre, 2009 a las 9:55 pm
¿Has leído la traducción de wikisource?
¿Quién no sabe de qué me he mantenido,
desde aquel día en que sus ojos viera,
que cambiaron mi vida y uso luego?
Aunque hurgase en tierra y mar toda frontera,
¿quién todo arresto humano ha predecido?
De olor vive aquel pueblo riberiego;
yo aquí con lumbre y fuego
mis sentidos hambrientos refrigero.
Amor, (decirte quiero),
disuádete de ser señor tan parco.
Tuyos son flecha y arco;
déme tu mano muerte no sentida,
que honra un bello morir toda una vida.
SI es así, ¿qué no te gustó del último verso? Esto pregunto, porque por casualidad he topado con el blog y fui yo quien hizo tal traducción. Advierto que el último verso estuve tentado de traducirlo así:
que un buen morir honra una vida entera
que se ajusta más al ritmo del original, que es muy importante en este caso para quie el verso sea así de bello. Pero, al final, en esta ocasión me ajuste más al significado (y bueno no es bello) que al ritmo.
22, Septiembre, 2009 a las 10:45 pm
Brunelo, no guardo memoria de qué traducciones hallé que no me gustaron. ¿Fue una la tuya? No puedo asegurarlo. Y, desde luego de “tu” últmo verso no me disgusta nada; tampoco la versión desechada. Cada cual con sus versión, propongo. Si tú hubieras encontrado la mía tampoco te hubiera placido. Petrarca nos gana a todos. saludos.
22, Septiembre, 2009 a las 11:00 pm
No me quejo de nada, y de hecho le di a la traducción del Cancionero licencia Creatve Commons, precisamente para que lo que displuguiese, lo cambiase sin empacho cada cual según su gusto.