LITERATURA EN COMO

Bellagio 

Bellagio, al fondo, en la otra orilla del Lago de Como. La Villa más alta de todas señala dónde estuvo Villa Tragoedia, de Plinio el Joven         

  En tanto que espacio literario, el Lago de Como –o Lario denominado sincréticamente por los nativos- tiene mil y una referencias, de todos los tiempos. Dejé, en mi visita a la zona, que fueran ellos solos los que acudieran a mi encuentro, como un brindis del destino. Ni viajé informado, ni atendí noticias que rasgaran mi virginidad en el tema. Así las cosas, dos fueron los literatos que, podríamos decir, salieron a mi encuentro, con más decisión. Un tercero, Alessandro Manzoni, se nos esfumó como fantasma.

           El primero fue Plinio el Joven, natural de la ciudad de Como, el segundo, Filippo Tomasso Marinetti, fallecido en Bellagio, hermosísimo enclave, estratégicamente situado en medio del Lago. Y eso precisamente, la bella localidad de Bellagio, que comienzan teniendo de común ambos escritores, separados por un espacio temporal de 20 siglos. En Bellagio tenía su finca residencial Plinio el Joven. Lario es un lago de tres brazos, los tres alargados por un medio centenar de kilómetros y cercados de abruptas montañas verdes. Uno de los brazos, el más septentrional, tiene la dirección sur-norte. Acaba en la población de Collico, casi en Suiza ya. Los otros dos se extienden, igualmente longitudinales, desde que “acaba” el anterior, en las direcciones suroeste –el de Como-, y sureste –el de Lecco. 

           Lecco es la ciudad de Manzoni, el novelista romántico por antonomasia en Italia. Su novela: Los Novios (I Promessi Sposi). En Lecco transcurren –en tiempos de la Guerra de los Treinta Años- las amorosas e infortunadas peripecias de Renzo y Lucia, pero no nos fue dado seguir su pista… Motivos tendría el destino paras negárnosla Por cierto, en la historia el malo es el español Don Rodrigo, gobernador de Milán.

           Equidistante de Collico, Como y Lecco, se halla Bellaggio. Desde su esquina privilegiada se contemplan los tres brazos del Lago. Y allí, justo delante del promontorio que, a modo de peninsulita, marca territorio, tenía Plinio el Joven su villa de descanso. La llamó Tragoedia, en griego. A la casa que tenía en el mismo Como la denominó Commedia. Juegos verbales de un literato. Hoy Tragoedia es Villa Serbellione. Un verde prado, abierto al sur del promontorio antecitado, marca los espacios de la mansión del joven Plinio. Luego se alza la casa actual, sobria y señorial, pintada en un ocre muy elegante, y tras ella un bosque de diversas especies, umbrío y profuso, que acaba en el centro del lago de tres brazos.

           Plinio el Joven tenía 500 esclavos, y era íntimo de Trajano, el español que dirigía el Imperio, allá por los confines entre el siglo I y el II de nuestra era. A este Plinio debemos el género de Carta Literaria, que tanto predicamento tendría desde el Romanticismo. En una de ellas, por cierto, le cuenta al Emperador sus decisiones acerca de la ejecución de los cristianos que se niegan a rendir culto a la cúspide del Imperio, es decir, al mismo Emperador a quien escribía. Por eso resulta harto difícil de entender que, junto con su tío, el naturalista Plinio el Viejo, se encuentre estatuado en el frontal mismo de la Catedral de Como, en efigies de mayor tamaño que ningunas otras. Hoy se hallan acristaladas, para protegerlas de las injurias de las palomas. Y son, como el resto de la Catedral, adscribibles a ese estilo mixto de gótico tardío y temprano Renacimiento que caracteriza a no poca parte de Italia. Fue, está claro, un perseguidor de cristianos, pero en sus paisanos de mil quinientos años después, pesó más su universalidad que su condición de pagano reluctante al Cristianismo, a cuyos seguidores en conjunto, llamó secta.

           En cuanto a Marinetti, adelantemos que fue, podríamos decir, el poeta áulico de Mussolini. Murió en el Hotel Splendide de Bellaggio, en 1944, a punto de acabarse la penosa aventura del Duce. Morir en un hotel tiene algo de tristeza irremediable. En el caso de un equivocado absoluto como Marinetti, es patético. Una placa en una esquina del hotel recuerda el luctuoso suceso. Se creyó fundador de la definitiva modernidad con su manifiesto del Futurismo, un panfleto que concede gloria al desprecio de la mujer, y a la velocidad como nueva diosa. “Un coche de carreras es más bello que la Victoria de Samotracia”, dice el lugar común que las más de las enciclopedias citan del escritor. Y uno piensa, ¿qué sería del Rolls Royce sin el pequeño icono de la Niké en lo alto de su morro? Equivocó su adscripción vital, y la vida no le deparó existencia suficiente como para desdecirse y encontrar la acertada lucidez. A otros sí le concedió ese don, como a Baroja o Unamuno. También a Cela, el delator voluntario al servicio de Franco. Pero no a él, pobre.

           Plinio y Marinetti fueron amigos del César de su tiempo: Trajano y Mussolini. Y ambos coincidieron en su referencia vital a Bellagio. Marinetti escribió en francés gran parte de su obra, y Plinio eligió el griego para bautizar sus villas. Un sentido elitista de la vida también debió de ser común a ambos. Trajano designó a Plinio el Joven gobernador de Bitinia, la parte norte de la Anatolia, mientras el Duce no se dignó proponer a su bufón poético para nada oficial. Ni Plinio entendió qué era el Cristianismo, ni Marinetti qué era la democracia. Ambos murieron sin saber que el futuro era una cosa distinta de la que ellos habían soñado como definitiva y perfecta.

           Descansen en paz ambos, y hayan encontrado donde estén la sabiduría que su tiempo les negó. Vale.

4 comentarios a “LITERATURA EN COMO”

  1. Fuensanta dijo:

    Amigo, un magnífico reportaje literario de ese recorrido. Casi os pudo imaginar a las orillas de ese hermoso lago y buscando con la vista, y con el alma, los ecos de esos escritores. Marinetti, que no me da lástima ninguna, dijo cosas mucho peores. Su frase es afortunada y desafortunada a la vez, como bien haces notar, pero hay que recordarlo como un amante literario de la violencia, de la guerra, y como un misógino impenitente. Son casos humanos. Prefiero a Manzoni sin duda, y a Plinio el Joven por su lejanía ya arqueológica. Un abrazo

  2. santdo dijo:

    Gracias, Fuensanta. Plinio no se merecía compaginarse con M., pero me plegué al destino, que así lo quiso. Ciao.

  3. Rosa Cáceres dijo:

    Este texto es un verdadero despliegue de erudición. Me ha interesado desde el comienzo al colofón, y en todos los aspectos, paisajísticos, literarios, artísticos y humanos, sobre todo humanos…¡qué injusta es algunas veces la Historia! o mejor debería decir quienes la hacen y encumbran a ciertos personajes soslayando a otros.
    Y la misoginia, siempre, desde el comienzo de los tiempos…¡Ay, dolor!

  4. santdo dijo:

    Gracias, Rosa. Viajar es un placer, desde luego, pero mirando más allá de las cosas…

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