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LITERATURA EN COMO

Lunes, 21 Septiembre, 2009

Bellagio 

Bellagio, al fondo, en la otra orilla del Lago de Como. La Villa más alta de todas señala dónde estuvo Villa Tragoedia, de Plinio el Joven         

  En tanto que espacio literario, el Lago de Como –o Lario denominado sincréticamente por los nativos- tiene mil y una referencias, de todos los tiempos. Dejé, en mi visita a la zona, que fueran ellos solos los que acudieran a mi encuentro, como un brindis del destino. Ni viajé informado, ni atendí noticias que rasgaran mi virginidad en el tema. Así las cosas, dos fueron los literatos que, podríamos decir, salieron a mi encuentro, con más decisión. Un tercero, Alessandro Manzoni, se nos esfumó como fantasma.

           El primero fue Plinio el Joven, natural de la ciudad de Como, el segundo, Filippo Tomasso Marinetti, fallecido en Bellagio, hermosísimo enclave, estratégicamente situado en medio del Lago. Y eso precisamente, la bella localidad de Bellagio, que comienzan teniendo de común ambos escritores, separados por un espacio temporal de 20 siglos. En Bellagio tenía su finca residencial Plinio el Joven. Lario es un lago de tres brazos, los tres alargados por un medio centenar de kilómetros y cercados de abruptas montañas verdes. Uno de los brazos, el más septentrional, tiene la dirección sur-norte. Acaba en la población de Collico, casi en Suiza ya. Los otros dos se extienden, igualmente longitudinales, desde que “acaba” el anterior, en las direcciones suroeste –el de Como-, y sureste –el de Lecco. 

           Lecco es la ciudad de Manzoni, el novelista romántico por antonomasia en Italia. Su novela: Los Novios (I Promessi Sposi). En Lecco transcurren –en tiempos de la Guerra de los Treinta Años- las amorosas e infortunadas peripecias de Renzo y Lucia, pero no nos fue dado seguir su pista… Motivos tendría el destino paras negárnosla Por cierto, en la historia el malo es el español Don Rodrigo, gobernador de Milán.

           Equidistante de Collico, Como y Lecco, se halla Bellaggio. Desde su esquina privilegiada se contemplan los tres brazos del Lago. Y allí, justo delante del promontorio que, a modo de peninsulita, marca territorio, tenía Plinio el Joven su villa de descanso. La llamó Tragoedia, en griego. A la casa que tenía en el mismo Como la denominó Commedia. Juegos verbales de un literato. Hoy Tragoedia es Villa Serbellione. Un verde prado, abierto al sur del promontorio antecitado, marca los espacios de la mansión del joven Plinio. Luego se alza la casa actual, sobria y señorial, pintada en un ocre muy elegante, y tras ella un bosque de diversas especies, umbrío y profuso, que acaba en el centro del lago de tres brazos.

           Plinio el Joven tenía 500 esclavos, y era íntimo de Trajano, el español que dirigía el Imperio, allá por los confines entre el siglo I y el II de nuestra era. A este Plinio debemos el género de Carta Literaria, que tanto predicamento tendría desde el Romanticismo. En una de ellas, por cierto, le cuenta al Emperador sus decisiones acerca de la ejecución de los cristianos que se niegan a rendir culto a la cúspide del Imperio, es decir, al mismo Emperador a quien escribía. Por eso resulta harto difícil de entender que, junto con su tío, el naturalista Plinio el Viejo, se encuentre estatuado en el frontal mismo de la Catedral de Como, en efigies de mayor tamaño que ningunas otras. Hoy se hallan acristaladas, para protegerlas de las injurias de las palomas. Y son, como el resto de la Catedral, adscribibles a ese estilo mixto de gótico tardío y temprano Renacimiento que caracteriza a no poca parte de Italia. Fue, está claro, un perseguidor de cristianos, pero en sus paisanos de mil quinientos años después, pesó más su universalidad que su condición de pagano reluctante al Cristianismo, a cuyos seguidores en conjunto, llamó secta.

           En cuanto a Marinetti, adelantemos que fue, podríamos decir, el poeta áulico de Mussolini. Murió en el Hotel Splendide de Bellaggio, en 1944, a punto de acabarse la penosa aventura del Duce. Morir en un hotel tiene algo de tristeza irremediable. En el caso de un equivocado absoluto como Marinetti, es patético. Una placa en una esquina del hotel recuerda el luctuoso suceso. Se creyó fundador de la definitiva modernidad con su manifiesto del Futurismo, un panfleto que concede gloria al desprecio de la mujer, y a la velocidad como nueva diosa. “Un coche de carreras es más bello que la Victoria de Samotracia”, dice el lugar común que las más de las enciclopedias citan del escritor. Y uno piensa, ¿qué sería del Rolls Royce sin el pequeño icono de la Niké en lo alto de su morro? Equivocó su adscripción vital, y la vida no le deparó existencia suficiente como para desdecirse y encontrar la acertada lucidez. A otros sí le concedió ese don, como a Baroja o Unamuno. También a Cela, el delator voluntario al servicio de Franco. Pero no a él, pobre.

           Plinio y Marinetti fueron amigos del César de su tiempo: Trajano y Mussolini. Y ambos coincidieron en su referencia vital a Bellagio. Marinetti escribió en francés gran parte de su obra, y Plinio eligió el griego para bautizar sus villas. Un sentido elitista de la vida también debió de ser común a ambos. Trajano designó a Plinio el Joven gobernador de Bitinia, la parte norte de la Anatolia, mientras el Duce no se dignó proponer a su bufón poético para nada oficial. Ni Plinio entendió qué era el Cristianismo, ni Marinetti qué era la democracia. Ambos murieron sin saber que el futuro era una cosa distinta de la que ellos habían soñado como definitiva y perfecta.

           Descansen en paz ambos, y hayan encontrado donde estén la sabiduría que su tiempo les negó. Vale.

LA RISA DE LAS MUJERES MUERTAS

Jueves, 17 Septiembre, 2009

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                       El título de hoy lo recojo de un libro, una novela. Es del autor murciano José Emilio Iniesta. Lo presentó la primavera pasada, y yo lo comento hoy, al final de este verano que se despide con tromba de agua otoñal. Se trata de una doble novela: histórica y actual. La actualidad que indaga en el pasado.
La Sevilla de nuestro tiempo y la del siglo XI se mueven al compás de un bucle en el tiempo que pervive en la percepción de unos cuantos privilegiados, recurrentemente a los largo dela Historia. En medio, un recorrido por París, El Cairo, Madrid… Y una educación sentimental que se va conociendo a sí misma, a la par que va analizando el pormenor de ese bucle histórico que desdice la concepción newtoniana del tiempo, para acercarse a la einsteniana. Todo sin dejar el ancho campo de las humanidades, que a todos concierne.
          

Julio Petrel guitarrista de concierto clásico, tiene una visión luego de terminar una interpretación en el Alcázar sevillano: una princesa mora, del siglo XI, le pide ayuda. No duda ni por un momento de su autenticidad, y el sucederse de las pistas para arribar al logro final, constituye, con un ritmo de buena novela, la trama. Estamos ante una buena novela, en fondo y en forma, que hace de su autor uno de los mejores novelistas murcianos, junto a Pérez Reverte, Luis Leante y Pedro García Montalvo.  Iniesta documenta todos sus contextos con maestría y rigor, y hace así que el lector no se sienta estafado por una ambientación de guardarropía o hemeroteca embutida a fortiori. Además, sabe jugar con la intriga, que sigue paso a paso, tanto el enigma de la invasión almorávide de la Sevilla de Al-Mótamid, como la evolución anímica-sentimental de Petrel. No olvida el novelista su murcianía de origen, y así, nos narra, por ejemplo, el triste final del poeta mursí Ibn-Wahbum. Un detalle que le honra. Por todo esto, La Risa de la Mujeres Muertas es una novela de las que sí se pueden recomendar para aprender Historia, así como para pasar un tiempo agradable muy singular: el de leer una buena novela, con la que aprendemos la difícil asignatura de la vida, con Julio Petrel y su búsqueda de la Princesa Buthhayna, que, a fin de cuentas es buscar, para Petrel sus auténticos orígenes, su propia naturaleza. Vale.

Muro con yedra, en Como

Martes, 15 Septiembre, 2009

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   Otro día,

será otro día,

cuando le cante al Lago.

 

 A su leve neblina estival

que tamiza los colores.

 

 A sus aguas dormidas

y a sus verdes montes.

 

 Hoy quiero decir

de la elegancia clásica

de una yedra

y sus hojas corazones,

descolgándose de una terraza

por la esquina de un casón noble.

 

 El sol poniente

-que lo incendiaba todo-

como el dedo de un dios lo señalaba

a los ojos ciegos de los hombres.

 

                       8-08-09

UN BEL MORIRE…

Lunes, 7 Septiembre, 2009

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           Retomo esta frase de Petrarca para título de un cuento mío,  e indago en el verso al completo del que lo he extraído. Se trata del final de una estrofa de una larga canción, cómo no, dedicada a Laura. Google me ayuda a encontrar el texto entero. Y tras ver tres traducciones de la estrofa, encuentro que ninguna me satisface, y decido hacer la mía. La mía, que no es una traducción, sino una traslación, algo de mucho más amplio sentido filológico.

           El verso entero reza: Ch´un bel morir tutta una vita onora, en toscano antiguo de Petrarca. Lo primero que me encuentro es la brutal elipsis continuada del poeta italiano. Reminiscencia  sin duda de aquel trovar clus de los provenzales, de los cuales él proviene, de cerca o de lejos. Y concluyo que mi versión eludirá las elipsis. Antes al contrario, las esclarecerá. Lo escribiré –me dije-  en un estilo llano, extenso, fluido; a la manera moderna de la poesía española. O de una tendencia de la moderna poesía española.

           El resultado me ha placido lo suficiente como para traerlo al blog. Petrarca significa como un vivir sin honor, vivir cantando la continua queja del desdén de Laura. Ahora bien, si consigue morir de amor, traspasado por la flecha de Cupido, sin emitir lamento alguno de dolor… entonces, habrá restañado toda una vida de sollozo amatorio.

           Ahora bien, los poetas, los autores, no son dueños de la fortuna que adquieren sus escritos, parciales o completos. La frase Un bel morir tutta una vita onora ha servido para explicar muchas actuaciones que distan mucho de aparecer en el contexto en que Petrarca la utilizó. Por eso son clásicos. La fortuna dispuso de sus escritos, mucho más allá de sus intenciones. Por ejemplo, mi cuento. Una cosa que se pensaba de cuatro o cinco folios, y resultó de veinticinco.

           He aquí lo escrito por Petrarca. Reconozco que no sé si la hache de honora fue escrita por el poeta o es añadidura de otros.

Chi nol sa di ch’io vivo, et vissi sempre,
dal dí che ‘n prima que’ belli occhi vidi,
che mi fecer cangiar vita et costume?
Per cercar terra et mar da tutti lidi,
chi pò saver tutte l’umane tempre?
L’un vive, ecco, d’odor, là sul gran fiume;
io qui di foco et lume
queto i frali et famelici miei spirti.
Amor, et vo’ ben dirti,
disconvensi a signor l’esser sí parco.
Tu ài li strali et l’arco:
fa’ di tua man, non pur bramand’io mora,
ch’un bel morir tutta la vita honora.

           He aquí mi versión:

 Nadie podrá saber de qué me he mantenido,

desde aquella vez que sus ojos viera,

que me hicieron cambiar vida y costumbres.

 Aunque se busque por toda la Tierra,

¿quién puede saberlo  todo de todos los hombres…?

 Algunos hay, incluso,  alguna vez leyera,

que se alimentan tan sólo de los aromáticos efluvios,

del gran río que habitan en su ribera.

 Más raro yo, que de fuego y lumbre transcurro,

y que hago ayunar, sin amor,  a mi hambriento espíritu,

para darle a comer, piadoso, el hielo que calma  

                                                                                          [hoguera…

 Amor, escucha lo que quiero decirte:

deja ya de ser  tan cruel y avaro conmigo.

Tú posees el arco y las flechas.

¡Dame con tu propia mano la muerte,

sin que yo quejándome a gritos  muera,

que un morir hermoso,  puede honrar la vida entera!

PARK HYATT. MILANO. AGOSTO, 15,30 P.M.

Jueves, 13 Agosto, 2009

PHMilano

 

 En Milán, con gusto os invito,

detrás de la Galería Vittorio Emanuele II,

-tan cerca del Duomo-

cómo no, a un capuccino.

 Allí, junto a la multitud cercana

del entechado de cristal,

labrados muros de artificio

y ornada estatuaria de dioses y de mitos.

 En taza de porcelana con dorado filo,

y bandeja de pastas, chocolate y barquillos.

 Los camareros, de corbata,

plenos de exquisita atención y estilo.

 Paz junto al tumulto inmediato

de turista y bullicio.

 Hora y media estuve allí

a solas conmigo mismo,

dormitando, soñando,

repasando y perfeccionando en la memoria

los versos y las páginas

de este mismo libro que ahora escribo.

 Park Hyatt se llama el milagro.

Allí os espero. Acudid sin prisas.

 Si no estoy, ya sabéis…

Recordad este poema

mientras os traen el capuccino.

 Reposad después y marchaos.

 Olvidad que allí estuvisteis nunca…

hasta que vuestro espíritu, convulso,

precise de nuevo,

el llano inane de lo inefable y tranquilo.

POEMA DE MAR EN ALBORÁN

Viernes, 24 Julio, 2009

E

 

  Atravieso el Mar de Alborán

en un ferry,

desde Melilla hasta Almería.

  Por la borda de estribor

se ve la mar rizada,

con blancas espumillas

que parecen alejarse del Atlántico.

  Los dos azules, el hondo de la mar,

y el claro de los cielos,

me hacen ambos, juntamente, compañía

  El tórrido sol del verano

y del poniente la fresca brisa,

componen una estampa viva,

que le sirven de ventanal

de par en par abierto,

al alma en tránsito mía.

  De vez en cuando,

agua hendida por la proa

hasta mi rostro sorprendido salpica.

  Asomado al mundo así,

con las manos sobre el alféizar

de esta ventana marina

contemplo esta metáfora

de la libertad y de la vida,

que es el mar abierto

de horizonte y lejanía.

  He visto delfines

que se sumerjen a proa,

jugando a pasar bajo la quilla.

Y he visto a la bruma

convertirse en quebrados perfiles

de costa y serranía.

  Me he sentido bien,

contemplando la estela

que el barco, por su popa,

sobre la mar dejando iba,

como largo velo de novia,

ornado con primores de encajes,

y labrado en bordados y puntillas.

  Novia feliz era la nave,

Novio aguerrido el oleaje.

Testigo era yo.

Oficiaba, serena, la Poesía.

PARÍS BIEN VALE UN CAFÉ

Miércoles, 15 Julio, 2009

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  Hoy quiero imaginarme en París.

Sentado en los Campos Elíseos,

con el Arco del Triunfo en perspectiva.

A mi derecha preferentemente, si me lo permitís.

 

En una terraza, con un café y un perrier.

 

  Hay un acordeonista de atrezzo,

y una edithpiaff de guardarropía

cantando “non, je ne regrette rien”.

Y pienso que yo seré también,

para los demás, un personaje escénico.

Voy solo, fumo en pipa, uso gafas

y anoto cosas en un libro

con hojas en blanco de tapas negras.

Un sombrero panamá y un cuidado abandono

hacen de mí un escritor bohemio,

pero muy contenido.

En la silla de al lado yace breve mochila,

apenas abultada. Y, ya conocéis,

mi torpe aliño etcétera…

Por demás encanecida y breve,

uso barba pobre, correcta y descuidada.

 

 

Otoño será, y no me arrepiento.

Últimos de Octubre,

probablemente por la tarde.

El sol estará a punto de ocultarse

no sé por dónde.

Y las frondas amarillean por doquier.

Por aquí y por allá,

el glamour de alguien famoso

excita las miradas de los turistas,

que se dan en el codo,

casi señalando, y cuchicheando entre sí.

 

El cuerpo me dice

que hay felicidad climática,

y, mientras pintarrajeo

el bodegón urbano del café

la cucharilla, el servilletero

y la botellita medio vacía,

sostenidos por un endecasílabo:

 

-París, con un café: nada más quiero-

 

doy en conceder que si hay cosas

bien pensadas en este mundo

por el ser humano,

una de ellas ha de ser ésta…

la de imaginarse, digo,

allá en los Campos Elíseos

un atardecer de octubre,

en el que será muy hermoso

no pensar, ni querer,

y sentirse parte consciente

del gran teatro del mundo.

 

Con un papel de figurante,

salir a escena, decir tu frase,

y hacer mutis sencillamente….

dejando luego que la gloria,

de otros orne las sienes

con los inmortales laureles

de que está hecha la posteridad.

 

A mí, os repito,

me basta París, con un café

y una libreta en donde

escribir y dibujar.

Nada más, eso es todo.

 

Ah, no, se me olvidaba:

hay una silla vacía

por si pasáis por mi ensueño,

y os apetece un café,

conversación poca

y todo el encanto

de un atardecer de otoño,

en París, en el boulevard

des Champs Elysées…

SIGNIFICADOS

Miércoles, 1 Julio, 2009

fc

Todas las cosas significan algo.

 

Aun las que nada significan,

en el fondo,

siempre significan algo.

Un objeto,

un paisaje,

un reloj y un cuadro.

 

Lo que sí hay

son gentes

que no saben

que las cosas significan algo.

 

A veces,

yo quisiera ser de esas gentes

que ignoran

que todas las cosas significan algo.

 

Y ser feliz

como ellos,

inconscientes y primarios.

 

Pero, siempre,

al final,

acabo diciendo que sí,

que es mejor,

saber que las cosas significan algo.

 

Y no pasar por la vida,

ignorando

que todo significa siempre algo.

 

Los significados están ahí.

y claman

por lo que ellos mismos son,

desde las cosas que observamos.

 

Aunque, muchas veces,

claman las cosas

por lo que nosotros mismos,

sobre ellas proyectamos

EL POEMA DEL REY SISEBUTO

Lunes, 29 Junio, 2009

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A principios de siglo VII, reinaba en Hispania, Sisebuto. Hispania seguía siendo tierra romana. Unos seis millones de hispano-romanos compartían con menos de 250.000 visigodos el territorio peninsular. Los germanos hablaban latín, y se vestían ya con la indumentaria romana, fuertemente influida por los bizantinos del sureste. Sisebuto fue hombre de letras, de armas y perseguidor de judíos. Fue amigo de San Isidoro, y éste le visitó en Toledo varias veces, y, por cierto, no le secundaba en esta última empresa. Resultado de esas visitas fue una obra del hispalense titulada De Natura Rerum, obra de carácter científico. Sisebuto le respondió con un poema de 61 hexámetros latinos, comnocido como Epistula Sisebuti, en donde, en parte para atacar la superstición, en parte para estar a la altura científica de su amigo, y en parte para dejar constancia a la posteridad de su afición letrada, trató de los eclipses de luna y de sol que hubo al principio, y aun antes de su reinado. Sisebuto es ptolemaico, esto es, cree en la esfericidad de la Tierra, pero la supone en el centro del universo, con el sol girando en torno a ella.

           El texto, lo he encontrado en esta dirección de Internet, en donde hay enlace a la versión francesa, de donde lo he trasladado al español, en versión libre, prosificada, naturalmente.

http://astronomicum.blogspot.com/2009/05/el-poema-astronomicum-del-rey-sisebuto.html 

ASTRONOMICON (POEMA DEL REY SISEBUTO reg. 612-621)

           Acaso suceda que tú[1], tendido en lo profundo de algún bosque sagrado, estés escribiendo, por casualidad,  nuevos versos. Quién sabe si te hallas en medio de las rumorosas fuentes y de las harmoniosas brisas y refrescas así tu alma  en las fuentes divinas de Pierio [2].

           Pero, a nosotros, el peso de los enojosos asuntos nos abruma. Nos, no escuchamos sino el ruido importuno del hierro y los gritos de millares de soldados. Las arengas de los generales nos enardecen, y  en el foro resuenan los clamores de guerra. Las trompetas suenan y conseguimos volar más allá del Océano[3]. El vascón desde las nieves y el cántabro en sus montañas, no nos dejan ningún reposo[4]. ¡Y es, precisamente, a Nos, a quien se nos ordena ceñir con los laureles de Febo[5] nuestra frente y trenzar, para Nos también, una corona de yedra aún más augusta![6] ¡Y es a Nos, a quien se llama para surcar con nuestras alas el aire inflamado!

           El elefante, aunque tenga el andar pesado, adelantará en la carrera a las águilas de ligeras alas. La tortuga, torpe y gruesa, ganará al perro en velocidad, antes de que nuestros versos puedan elevarse hasta Febo, oh madre del beneficioso rocío[7].

           Empero, sacudiéndome el peso que me encorva hacia la tierra[8], diré por qué un círculo negro se forma sobre la imagen borrosa del Astro[9].  Por qué su frente de nieve se enrojece a causa de un tinte púrpura. No, no se trata, como cree el vulgo, de una hechicera que, gritando histérica desde las oscuras profundidades de las cavernas infernales, haya arrancado a la Luna de sus moradas celestes[10]. No, la fuerza de un encantamiento nocturno… nunca fue suficiente para hacerla equivocarse por el sonido de la trompeta. En medio del  cielo, y rodeada por las regiones donde la calma es tan a menudo turbada por la tempestad,  ella continúa ajena a los ultrajes. Pero, cuando el ancho cuerpo de la tierra, colocado en el centro del Universo[11], intercepta los rayos del Sol, su hermano, entonces… una sombra densa se extiende sobre el pálido disco de la luna, hasta que ésta, liberándose de las tinieblas proyectadas por las rugosidades[12] terráqueas, rueda en libertad por otras partes del campo celeste y recupera los rayos de Febo.

           Es plausible que no se sorprenda nadie de que el sol, nueve veces más grande[13] y más visible que el globo de la Tierra, no envuelva a este globo en una capa de luz. He aquí la razón. Ved cómo el Sol se eleva, llegando a la bóveda resplandeciente de los cielos, y ved también cómo desde lo más alto de su carro, cubre con sus rayos la masa enorme dela Tierra. Entonces, sea porque él lanza la luz desde el cenit, sea porque él lo envía oblicuamente, raseando el horizonte, la Tierra refleja una parte de estos rayos. Los otros, al no encontrar ninguna porción de globo que se oponga a su emisión, se prolongan en la inmensidad del vacío, hasta que, vencidos por la tiniebla, van a morir al infinito. Si, entonces la Luna arrea a sus fornidos caballos[14] hacia las vecindades de la Tierra, no logra recibir ya la luz de su hermano y su pálido rostro se desvanece.

           Pero, ¿por qué es ella el único ser celeste que está sometido a los eclipses? Este hecho no tiene nada de sorprendente. Ella carece de luz que le sea propia. No está calentada sino por los rayos prestados. Cuando ella cae en la vecindad de un cuerpo opaco, ella se convierte en sombra y ya no es iluminada por los fuegos de su ermano.

           Por el contrario, el Coro de los Astros no es en absoluto accesible a las tinieblas. Ellos gozan de un brillo que les es natural. Ellos no le deben nada al sol. Pero… ella es arrastrada en el giro de  la esfera celeste, más alejada que el Sol[15]. Es lo que hace que su disco no sea eclipsado durante seis meses completos[16]. Es lo que hace que él –el Sol- describa en su curso oblicuo una línea sinuosa. Y mientras que la Luna vagabunda sigue los derroteros de su invariable trayectoria, el Sol franquea los obstáculos que se oponen a sus rayos. Él aparta el manto de la noche y lanza hacia su hermana torrentes de luz. Todo esto ocurre por una causa análoga a la que apaga, de repente, en la sombra el resplandor sagrado del Sol. La luna extiende su cuerpo privado de luz entre este astro y la Tierra, y ella intercepta sus rayos antes de que lleguen hasta nosotros.


[1] Ese Tú es San Isidoro de Sevilla, a quien dedicó el poema, a cambio de la dedicatoria de la obra @De rerum Natura” del Obispo de Sevilla.

[2] Pierio, padre de los piérides, Rey de Macedonia.

[3] Hipérbole, para significar el punto de su ardor guerrero.

[4] Sisebuto combatió a los dos pueblos rebeldes, incluso por mar, antes de que sucedieran los eclipses motivo del tema de su composición.

[5] Febo, Apolo, dios de
la Poesía, asimilado al Sol.

[6] Su corona de rey, se vería así más augusta todavía, con la de yedra de la poesía. Es una manera de hacer ver que quien escribe es monarca.

[7] La naturaleza a contraley es un tópico amoroso, en el que el amador despechado asimila el rechazo de su amada a lo más absurdo, que Sisebuto traslada al plano poético

[8] El peso de la guerra, y en general, el que suponen todas las cargas reales.

[9] El Astro, aquí, es
la Luna.

[10] Los eclipses de principio de siglo y los de su reinado hicieron crecer entre el pueblo las supersticiones populares, propias de la paganía, en las trompetas, se decía, poseían el poder de desviar la luna.

[11] Cosmogonía debida a Ptolomeo.

[12] Hace alusión a lo imperfectamente liso de la superficie terrestre, con sus estribaciones y montañas.

[13] En realidad, el sol es, en diámetro, más de cien veces más grande quela Tierra. Sisebuto sigue a Ptolomeo.

[14] Asemeja la luna a la visión mitológica del Sol, un carro tirado por Apolo.

[15] La esfera celeste es la más alta de todas y encierra a todas las demás. La luna obedece al giro de esa esfera.

[16] La esfera terrestre, al ser responsable del giro de
la Luna, hace que los eclipses no duren seis meses: medio año. En el imaginario de Sisebuto,
la Tierra estaría siempre entre el sol y la luna, pero sus movimientos son desacordes, y de ahí la irregularidad de los eclipses.

DISFRACES

Martes, 23 Junio, 2009

Infinito 

Alma, cerebro,

mente y espíritu…  

Disfraces del yo,

que no existe desnudo,

vienen todos a ser.  

Elija cada cual

entre todos

el disfraz suyo.   

Y descifre con él,  

los hondos y arcanos,

insondables

secretos del mundo.