Los bancos de semillas preservan la riqueza hortícola de la Región.
Lunes, 12 Abril, 2010El 80% de las variedades locales están en peligro de extinción; algunas se han recuperado con la colaboración de expertos y agricultores.
En caso de una catástrofe mundial, Svalbard sería la salvación. Es en ese archipiélago noruego donde se custodia, a 18 grados bajo cero, el almacén de semillas más grande del planeta. Conocida como la bóveda del fin del mundo, este silo de alta seguridad, resistente a los terremotos, las erupciones volcánicas y las radiaciones, tiene capacidad para guardar 2.000 millones de semillas durante siglos. Puede sonar a ciencia-ficción, pero la conservación de los recursos fitogenéticos no es una cuestión intrascendente. Se trata de la base de la alimentación de la humanidad, y cada vez hay más estómagos que llenar.
Joaquín Carlos Costa García, experto del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (Imida), con sede en La Alberca, recuerda cómo aún en plena dictadura franquista, una delegación rusa llegó a la Región en busca de semillas. Murcia posee una rica variedad de especies hortícolas gracias a su clima benigno. Con aquella inesperada y misteriosa visita, Costa comprendió la importancia de evitar que ni un solo cultivo se perdiera, y se puso manos a la obra en una tarea que se asemeja titánica.
Desde 1974, este ingeniero agrónomo lleva recogiendo semillas. El resultado: un banco con simientes de más de 3.000 variedades hortícolas. Puro oro verde. Este ‘tesoro’ se conserva, en tarros perfectamente identificados, en una cámara subterránea a entre 1 y 2 grados centígrados. Nada que ver, desde luego, con la fría Svalbard, pero esa temperatura es suficiente para mantener adormiladas las semillas. También se controla la humedad y la luz con el fin de impedir que pierdan su capacidad para germinar.
El banco de germoplasma del Imida está abierto a los agricultores, y es de uso gratuito. A este centro de investigación acuden los productores murcianos cuando buscan variedades hortícolas ‘distintas’ para sus plantaciones. El despegue de la agricultura ecológica y el cambio en las preferencias del consumidor, más preocupado ahora por la calidad, han motivado que cada vez más agricultores recurran al Imida. Incluso muchos productores se han dado cuenta de que una forma de hacerse un hueco en el mercado es ofreciendo a los clientes variedades que sus competidores no tengan. Y en el Imida tienen mucho donde elegir.
Pero las instalaciones de La Alberca no son sólo un silo donde conservar semillas. A su cometido en la salvaguarda de la biodiversidad se une otra misión, si cabe más importante: avanzar en la mejora de las especies hortícolas; y tratándose de una fuente esencial de alimentos para la población, la responsabilidad de estos expertos se presenta decisiva.
Joaquín Carlos Costa explica que las semillas contienen una carga genética resultado de años de selección. Los agricultores, generación tras generación, fueron eligiendo, guiados por su intuición, las variedades que les parecieron mejores. «Esas hortalizas que han llegado hasta nosotros contienen unos genes que pueden resultar determinantes a la hora de conseguir cultivos que sean resistentes a futuras enfermedades. Pero además esa carga genética tiene que ver con las propiedades organolépticas, responsables del aroma y el sabor», indica Costa.
‘Domesticadas’ y silvestres
En los laboratorios del Imida se conservan tanto variedades tradicionales, ‘domesticadas’ por el hombre, como especies silvestres. De la combinación genética de unas y otras, mediante un proceso denominado retrocruzamiento, se trata de conseguir, por ejemplo, hortalizas más fuertes contras las plagas, ejemplares que aguanten mejor el clima de una determinada zona o vegetales con una calidad que responda a los nuevos gustos de los consumidores.
El banco de germoplasma del Imida no es el único de la Región. El Centro de Experimentación Agraria de la Universidad de Murcia atesora otro de estos semilleros. Presenta una particularidad: sólo guarda variedades autóctonas. Es pues un ’salvavidas’ para la riqueza vegetal de la Región, debido a que el 80% de las especies hortícolas locales están en peligro de extinción o, peor aún, ya han desaparecido, según explica el biólogo José María Egea Sánchez, responsable de este banco de germoplasma.
Este joven investigador señala que las variedades originarias de la Región están mejor adaptadas al clima y al terreno, pero con el tiempo han sido desplazadas por otras especies que se acomodan mejor a ciertos requisitos de los mercados: una forma y tamaño determinados, mayor resistencia para el transporte…
Egea Sánchez destaca la importancia cultural de las hortalizas autóctonas. «No sólo han alimentando a muchas generaciones; detrás de cada especie hay una historia y unas tradiciones: unas variedades se cultivaban por ejemplo para la conserva, otras para tomarlas en fresco, había algunas que maduraban más lentamente y se podían consumir al final de la temporada».
Además de esa riqueza cultural, las especies locales conservan unas características genéticas únicas que pueden servir de gran ayuda a la hora de afrontar cambios económicos, sociales o climáticos. Así, hay hortalizas autóctonas que resisten mejor la sequía y por tanto pueden resultar vitales para hacer frente al cambio climático. El banco de germoplasma de la Universidad de Murcia reúne simientes de un millar de hortalizas autóctonas. Cualquiera puede conseguir semillas. Sólo hay que reunir unos pocos requisitos, básicamente contribuir a la conservación de esta riqueza natural de la Región mediante resiembras. Con este objetivo se acaba de poner en marcha la Red Murciana de Semillas.
De momento, parece que se avanza por buen camino. Recientemente se han recuperado casi una veintena de variedades hortícolas tradicionales, algunas ya desaparecidas de las huertas, gracias a la colaboración del Imida, la Universidad de Murcia y la Red de Agroecología.
En España existen tres bancos nacionales de germoplasma de hortícolas. Dos de ellos, en Valencia y Zaragoza, son bancos activos: dan y reciben semillas. El de Alcalá de Henares, sin embargo, es un centro de base, quiere decir que su misión es exclusivamente la de conservación. En los tres se guardan simientes de Murcia. No así en la helada Svalbard. A la bóveda del fin del mundo no han llegado muestras de España. El Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria, que coordina el Programa Nacional de Recursos Fitogenéticos, no lo cree urgente, ya que cuenta con un sistema propio de duplicados de seguridad. Y aunque no se descarta que en un futuro se envíen muestras, de momento Svalbard puede esperar.
Fuente: laverdad.es/murcia