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Europa ha vuelto al cine.

Viernes, 22 Enero, 2010

El auge del 3D, los superéxitos y una oferta variada explican el repunte de las taquillas - El espectador acepta pagar más por un espectáculo avanzado.

¿Es tan sólo un espejismo o el final definitivo de la caída libre? 2009 ha supuesto la vuelta de todos al cine. Después de cuatro años de preocupante descenso en número de espectadores y, por consiguiente, en volumen de negocio, el pasado año se presenta como la gran esperanza de la industria del cine. Tan sencillo como que sin espectadores no hay películas. “Lo que está claro es que la gente acude al cine sólo si la película le resulta atractiva. Tenemos que crear de nuevo el gusanillo para que la gente vuelva al cine”, afirma Daniel Monzón, el director de Celda 211, la gran sorpresa cinematográfica del año en España.

La buena y variada oferta, el auge del 3D y la paz en el sector se apuntan como las principales causas de este excelente repunte. Los primeros beneficiados han sido los exhibidores de las cerca de 4.000 salas que pueblan la geografía española, que han visto cómo la recaudación ha ascendido en 2009 a 675 millones de euros, un 9% más que en el año anterior, y el número de espectadores ha pasado de los 107 millones a 110 millones en tan sólo un año. Pero no son los exhibidores los únicos radiantes de felicidad con estos datos. Los distribuidores, productores, directores y técnicos ven, gracias al apoyo del público, un futuro más que prometedor. Atrás parecen quedar años de angustias y pesimismo.

La FECE (Federación de Empresarios de Cines de España), el organismo empresarial que agrupa a cerca de 3.000 pantallas que suponen el 90% de la recaudación en España, no cabe en sí de gozo. No es para menos. El 2009 ha roto una tendencia negativa de asistencia a las salas que duraba ya cuatro años, y con ello se convierte en el segundo año mejor por recaudación de la última década, superado tan sólo por el año 2004.

Varias son las razones que aducen los empresarios de las salas para esta gran noticia. En opinión de Juan Ramón Gómez Fabra, presidente de FECE desde hace casi dos años, lo que está claro es que para conseguir que la gente se gaste una media de 5,5 euros por ver una película en el cine -en Madrid y otras grandes ciudades alcanza ya los 7 euros- hay que ofrecerle algo bueno. Así de simple, pero no así de fácil. “La cosecha de 2009 tanto a nivel internacional como de cine español ha sido excelente, muy variada, dirigida a un público muy dispar. Hemos podido proyectar películas de catástrofes, dramas, títulos interesantes de autor y muchos y buenos dibujos animados. La única manera de atrapar a espectadores de cine que nos han dado la espalda en los últimos años, y que tienen unos gustos tan diferentes, es ofrecerles proyectos variados para todos los gustos”.

Pero en el análisis del aumento del negocio en 2009 no hay que olvidar el efecto novedad del auge del 3D, esa forma mágica de entrar en un mundo de tres dimensiones, cuya tecnología está instalada en España ya en 225 pantallas. Y ha sido la última aventura del todopoderoso James Cameron, Avatar, la que ha dejado tan buen gusto en el público -a fecha 31 de diciembre, la película había sido vista por más de tres millones de espectadores en apenas 13 días desde su estreno, cifra que ha aumentado hasta superar los seis millones a fecha de ayer- que los exhibidores confían en que el impacto continúe en los años próximos. “Cuando un paladar se encuentra con un título tan agradable, está claro que vuelve a probar”, explica Gómez Fabra, y eso a pesar de que el precio de una película en 3D aumenta en casi tres euros el precio normal de la entrada, no sólo por la utilización de unas gafas especiales, sino por la inversión tecnológica necesaria para la proyección. Y los datos están ahí. De las 790 salas en las que se ha estrenado Avatar en España, 225 lo han sido en pantallas 3D. Sin embargo, un 60% del público eligió la proyección tridimensional a pesar de que es más cara.

Y el tercer elemento ha sido, sin duda, la paz en el sector, del que el primer beneficiado ha sido el cine español. Después de años de ataques, enfrentamientos y duras acusaciones al cine español por parte de los exhibidores, las cosas han cambiado, y de qué manera. “Vivimos un periodo de colaboración e intereses comunes entre los distintos sectores, con lo que enviamos mensajes positivos al público. Y esto se materializa en una buena imagen de nuestro cine y en un menor rechazo a las películas españolas que el que hemos sufrido en el pasado”, dice Gómez Fabra.

Las cifras del cine español son más que esclarecedoras. Ágora, la gran aventura épica de Alejandro Amenábar, ha conseguido en 2009 nada menos que una recaudación de 21 millones de euros y 3,4 millones de espectadores, cifras que continúan en ascenso en este mes de enero. Ejemplos similares se pueden ver en Planet 51, el filme de animación que nació con una potente proyección internacional -se estrenó incluso antes en Estados Unidos que en España-, con 1,8 millones de espectadores en ese mismo periodo, y la sorpresa de la temporada, Celda 211, que recaudó 9 millones de euros en 2009. Su director, Daniel Monzón, da saltos de alegría. Cineadicto desde hace años, Monzón ha llegado a ver a diario una media de tres películas, cifra que ha rebajado por el nacimiento de su primera hija. “Yo nunca he dejado de ir al cine y nunca lo haré, pero está claro que a la gente hay que ofrecerle algo atractivo. Me da la sensación también de que en época de crisis económica, el ocio del cine se convierte en algo fundamental. La gente necesita una evasión instantánea y la encuentra en la oscuridad de las salas”, dice Monzón, para quien es fundamental en el éxito de una película pequeña como la suya y tantas otras del cine español el boca a oreja. “Cuando a tu vecino, a tu amigo, a tu hermana o a un crítico le ha gustado una película te la recomienda”.

Y las sinergias funcionan. Cuando a alguien le gusta una película, sea de la nacionalidad que sea, está claro que repetirá la experiencia. Y así una y otra vez. Ése es justamente el objetivo de un empresario como Fernando Évole, uno de los vicepresidentes de FECE y consejero delegado de la cadena Yelmo Cines, con un parque de 400 salas repartidas por toda España, en versión original y dobladas. “Lo mejor de los lunes cuando uno llega a la oficina es comentar las películas que ha visto el fin de semana y que le han emocionado, hablar del cine en plan positivo”.

Pero no es oro todo lo que reluce. Y se divisan nubarrones en el horizonte. Hay dos claras amenazas que ponen en peligro la continuidad de esta tendencia al alza. Por un lado, las repercusiones que puede llegar a tener la aprobación del proyecto de ley de cine en Cataluña a nivel nacional por la obligación de doblar al catalán la mitad de las copias de cualquier filme, exceptuando los europeos, si se estrenan en menos de 15 salas -el volumen de negocio se puede ver reducido en un 30%, además de la pérdida de 1.800 puestos de trabajo- y en segundo lugar, o más bien en primero, la piratería. Por eso es la palabra “milagro” la que emplea Évole a la hora de abordar el análisis de los datos de 2009. “Sin duda, el gran enemigo del cine es la piratería. Con la situación que vivimos en España, donde todo el mundo se puede descargar ilegalmente las películas sin consecuencias, conseguir estas cifras es algo digno de guerreros y valientes. El cine fuera de nuestro país, en Europa y en Estados Unidos, lleva años en una clara línea ascendente, y eso hay que achacarlo a las legislaciones antipiratería implantadas en los países de nuestro entorno”.

Según los datos aportados por los empresarios de cine, en Europa el crecimiento en 2009 con respecto al año anterior es muy superior al experimentado en España, si exceptuamos a Finlandia, Irlanda e Italia, donde han visto reducido el número de espectadores. Así, Alemania ha sido la protagonista del mayor incremento de público (un 16,4% más que en 2008), seguida de Holanda (15%), Noruega (6,8%), Francia (5,7%), Reino Unido (5,6%), Dinamarca (5,4%). En Grecia ha subido el 2,5%.

Los exhibidores, pero también los distribuidores y el resto de sectores implicados en esta industria, confían en que el Gobierno de Rodríguez Zapatero y su ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, acometa de una vez por todas la lucha contra las descargas ilegales. “Soportamos la vergüenza de ser el segundo país del mundo en piratería, detrás de China”, clama Enrique González Macho, distribuidor de Alta Films y exhibidor de la cadena de los cines Renoir-Princesa. “Esperamos acciones concretas para 2010″, aventura Gómez Fabra, mientras González Macho pide abiertamente al Gobierno “un acto de valentía”.

Independientemente de esos nubarrones en el horizonte, la exhibición se muestra optimista con vistas a 2010, cuando hay previstos 30 estrenos en 3D, y años venideros. De momento, todo apunta a que este enero de 2010 pueda ser el mes de más éxito para las salas de cine, superando incluso el mismo mes del año 2004. En los primeros 20 días de enero, el número de espectadores supera los ocho millones, mientras que en el mismo mes de 2009 se alcanzó la cifra de seis millones.

Por muchas ofertas de entretenimiento que uno encuentre en las casas, el cine sigue siendo una experiencia insustituible, un gran espectáculo.

Fuente: elpais.es

Blancanieves cumple 75 años.

Miércoles, 28 Octubre, 2009

La película Blancanieves y los siete enanitos cumple 75 años. Fue en 1934 cuando Disney decidió producir su primer largometraje animado dirigido a todo tipo de públicos, lo que provocó el estupor en los inversores. Finalmente se sacó el proyecto adelante con un presupuesto inicial de medio millón de dólares (unos 340.000 euros), que terminó por multiplicarse por tres, algo desorbitado para la época, sobre todo teniendo en cuenta la crisis financiera que atravesaba Estados Unidos. Tras tres años de trabajo el estreno, en 1937, fue todo un éxito.

Fuente: elpais.es

Historia del Cine I: El Precine.

Viernes, 25 Septiembre, 2009

El ser humano siempre se ha preocupado por captar y representar el movimiento. Los bisontes con seis patas que los prehistóricos pintaban en las cavernas demuestran este hecho. Durante siglos, diversas civilizaciones o personas han buscado procedimientos para reproducir la realidad. Es el caso de las representaciones con sombras, los primeros espectáculos en público con proyección de imágenes animadas.

Utilizada ya en el siglo XVI, la “cambra obscura” permitía la proyección de imágenes externas dentro de una cámara oscura. La precursora de la fotografía.

De la misma manera que, un siglo después, la linterna mágica sería la precursora de las sesiones de cine, en proyectar imágenes sobre una superficie plana. Con el fin de hacerlas llegar a todos los lugares, los feriantes viajaban con sus linternas dejando boquiabiertos a los espectadores. Sobre todo cuando hacían servir ingeniosos dispositivos mecánicos destinados a manipular o hacer girar cristales circulares, que hacían mover las imágenes. 

Un invento capital aparece en el siglo XIX: la fotografía. Por vez primera, era posible impresionar y guardar una imagen del mundo que nos envuelve. Pero algunos fotógrafos no se conformaron con las imágenes fijas y ensayaron con la;a de objetos en movimiento, como en el caso de Muybridge. Incluso uno de ellos, Marey, llegó a utilizar una especie de fusil fotográfico capaz de captar las diferentes fases de un movimiento.

A largo del siglo, toda una serie de inventores construyen aparatos -mitad genios, mitad juguetes-, que buscan  producir la ilusión del movimiento. Se trata del Taumatropo, el Fenaquistoscopio, el Zootropo y el Praxinoscopio. Una variante de este último, el Teatro óptico, construido por Emile Reynaud, es lo que más se acerca a lo que será el cine. Con el fin de producir una acción continua, se proyectaban largas bandas de más de 500 transparencias de dibujos a partir de un aparato cilíndrico que, juntamente con la proyección de una imagen de fondo desde una linterna, proporcionaba la proyección de los primeros dibujos animados.

Ya tenemos, pues, los tres elementos que constituirán el cinema: la persistencia de la visión, la fotografía y la proyección. Pero faltaban dos más de fundamentales: la película perforada y el mecanismo de avance intermitente que la mueve. Y fue en los EE.UU. donde, en 1890, se solucionó el problema, de la mano del gran inventor Edison y de Dickson.

En muchas salas de diversión se instalaron los llamados Kinetoscopios de Edison, cajas que contenían una serie de bobinas que permitían ver una película… individualmente. Y es que el famoso inventor se negó a proyectarla sobre una pantalla porque creía que la gente no se interesaría por el cine. ¡Cuan equivocado estuvo, como el tiempo llegó a demostrar…! Sin embargo, la invención del cine no puede ser atribuida, específicamente, a nadie. Fue el resultado de una serie de inventos de diferentes personas.

Fuente: xtec.cat/~xripoll/ecine1.htm

 

David Carradine, encontrado muerto en Bangkok.

Jueves, 4 Junio, 2009

Su cuerpo ha sido hallado en una habitación de hotel.- Alcanzó la fama gracias a su papel en la serie ‘Kung Fu’.

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El actor David Carradine en una imagen de archivo

El actor David Carradine, famoso por su papel en una serie de televisión sobre artes marciales, Kung Fu, fue encontrado muerto hoy en la habitación de su hotel en Bangkok, según ha confirmado la embajada de EEUU en Tailandia.

El cadáver del actor fue hallado colgando de una cuerda en el armario de la habitación, ha señalado a la agencia Reuters la policía tailandesa. Un oficial de las fuerzas de seguridad declaró que el cuerpo de Carradine estaba desnudo y que no había rastros de la presencia de otras personas en la habitación. El cuerpo ha sido llevado a un hospital para que le sea practicada una atopsia.

Según ha contado Chuck Binder, representante del actor, a la cadena FOX, el equipo notó la ausencia de Carradine el miércoles por la noche al no aparecer a la hora de cenar. Cuando el productor acudió a la habitación del actor esta mañana, descubrió que estaba muerto, aunque no especificó las causas de la muerte.

Binder calificó la muerte de Carradine como algo “estremecedor y triste”. Carradine, conocido en todo el mundo como Kung Fu tras protagonizar esa serie televisiva, primero en los años 70 y luego en una secuela en los 90, nació en Hollywood (California) el 8 de diciembre de 1936 en una familia de actores.

Durante su infancia fue un niño inconformista al que no le gustaba ser hijo de un famoso. Viajaba de un sitio para otro con la compañía teatral de sus padres y tuvo que cambiar varias veces de escuela. Durante su juventud, se convirtió en uno de los pioneros del movimiento hippy norteamericano y vivía en comunas, alimentándose de productos naturales y llevando un tipo característico de ropa.

No quería ser actor sino granjero, por lo que se instaló en Vermont como peón agrícola, aunque más tarde se inclinó por la música y la interpretación teatral y se unió a un grupo escénico del San Francisco College para dar vida a personajes clásicos como Yago de Otelo, Un enemigo del pueblo, La muerte de un viajante, Macbeth o La tempestad.

Aptitud para el drama

Es allí donde descubrió su aptitud para el drama y trabajó paralelamente en el cine y en la televisión. En 1971 el productor Jerry Thorpe le pidió que interpretase al monje Kwai Chang Caine en la serie Kung Fu, cuyo éxito lo lanzó a la fama mundial. Su personaje es el de un monje de ascendencia chino-americana, que crece en el tempo Shaolín de China y se convierte en un budista experto en kung-fu, ciencia china de defensa personal.

La serie se emitió un año más tarde por la cadena ABC de televisión en 63 capítulos que posteriormente recorrieron las cadenas de televisión de casi todos los países. Ha trabajado en numerosas películas como Cannonball (1976), El huevo de la serpiente, de Ingmar Bergman (1977), Alerta roja: Neptuno hundido (1978) de David Greene, El desafío del cóndor (1979), de Barry Brown (1979), y más recientemente Kill Bill 1 (2003) y Kill Bill 2 (2004), de Quentin Tarantino.

 Fuente: elpais.com

Del libro al cine, un viaje peliagudo.

Viernes, 30 Enero, 2009

Escritores y cineastas debaten la adaptación de guiones, una vieja controversia - El paso de la novela a la película plantea una pugna entre fidelidad y ‘traición’.

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John Hurt y Elijah Wood, en un fotograma de ‘Los crímenes de Oxford’

Tras el marcado protagonismo de los guiones adaptados en las candidaturas de los Premios Goya que se concederán este domingo subyace la eterna -y muy espinosa- cuestión del trasvase entre la literatura y el cine. El salto del libro a la película constituye un camino lleno de trampas, en el que el guionista se enfrenta irremediablemente a la cuestión: ¿dónde acaba la fidelidad y dónde empieza la interpretación? O, de otra forma, ¿tiene el autor la última palabra?

Álex de la Iglesia, cuya película Los crímenes de Oxford, basada en la novela homónima del argentino Guillermo Martínez, es candidata este año al Goya al mejor guión adaptado, cree que la regla número uno es no hablar con el escritor: “Al principio sientes veneración por la obra y te obsesionas con ser fiel, pero en una segunda fase le tienes que perder el respeto y tener la libertad necesaria para hacer la película como si no existiera la novela”, asegura.

Para el director, igual que para Elvira Lindo, es más difícil adaptar una novela que escribir un guión original. Lindo habla en su doble calidad de guionista y de autora cuyas obras han sido llevadas al cine. Ángeles González-Sinde lo ha hecho con Una palabra tuya, que compite con Los crímenes de Oxford por el Goya al guión adaptado. “El que ha escrito la novela y adquiere un compromiso con la productora tiene que dejar de lado su vanidad y confiar en las buenas intenciones del cineasta”, dice la escritora. Eso sí, reconoce que ha aprendido mucho desde su primera adaptación de Manolito Gafotas: “Ahora sé que hay que estar encima, que los agentes tienen que estar encima. Con el primer Manolito firmé un contrato leonino porque me hacía mucha ilusión llevarlo al cine. Luego quisieron hacer la segunda película, y como yo prefería esperar, la hicieron sin mí. Ahora sí que miro el contrato con lupa, con cláusulas incluso para que no se altere la naturaleza de los personajes, aunque todo eso sigue siendo muy resbaladizo”.

Imma Turbau, cuya primera novela, El juego del ahorcado, ha sido llevada al cine por Manuel Gómez Pereira, con guión de éste y de Salvador García Ruiz, se ha cuidado desde el principio. “La negociación la llevó mi agente, Balcells, y duró como un año. El contrato de cesión de derechos tiene 17 páginas e incluye hasta cláusulas como el porcentaje que me llevaría en caso de versión americana”, indica.

Y es que la historia del cine está plagada de desencuentros entre escritores y guionistas. En la pasada década, Javier Marías y los Querejeta (Elías como productor y su hija Gracia como directora), mantuvieron una agria disputa por El último viaje de Robert Rylands, una película inspirada en la novela de Marías Todas las almas. El escritor les denunció por incumplimiento de contrato y los tribunales le dieron la razón en 1998 porque no se le garantizó “el respeto de la adaptación cinematográfica al espíritu de la obra”. Hoy, el escritor defiende que él había firmado un contrato para la adaptación de la novela entera, “no de una página o incluso una frase”. Desde entonces, ha rechazado las ofertas de llevar al cine otras obras suyas, como Mañana en la batalla piensa en mí o Corazón tan blanco. “Creo que no se prestan mucho porque son novelas en las que la voz narrativa es tan importante como la historia, como el argumento, y creo que sería imposible llevarlas al cine”, explica.

En su opinión, uno de los principales problemas de la adaptación de novelas es que se pierde material. “El planteamiento suele ser cómo empequeñecer la obra, cómo reducir y, por tanto, es un empobrecimiento. Eso no quiere decir que las películas adaptadas sean peores; a veces es al revés: de una novela mediocre sale una gran película. De lo que sí soy partidario es de que se guarde fidelidad al espíritu de la obra literaria. Pero eso es algo evanescente y, ¿quién lo define? Quizás los propios autores. Yo creo que al cabo del tiempo se olvidan los argumentos, pero lo que quizás permanece es una especie de clima, una atmósfera”, dice. El último viaje de Robert Rylands fue la única experiencia de Gracia Querejeta en la adaptación y ésta “se abstiene de hacer comentario alguno”.

“Comprendo que Javier Marías se enfadase tanto”, dice Antonio Muñoz Molina, que ha visto varias obras suyas adaptadas al cine: El invierno en Lisboa, Beltenebros, Plenilunio… “En España la única propiedad que se pone en duda es la intelectual”, afirma. Y eso que asegura que, en su caso, los guiones adaptados de sus novelas le gustaron. Aunque admite que antes era “más dejado” a la hora de ceder sus derechos y, de hecho, ha rechazado la oferta que le han hecho para llevar al cine otra obra suya, Carlota Feinberg. “No hay nada intrínsecamente difícil en adaptar novelas al cine. John Huston, uno de los grandes, hizo excelentes adaptaciones en Los muertos, La jungla de asfalto o El tesoro de Sierra Madre, por ejemplo. Hay que tener talento para hacerlo. El problema en el cine español es la obsesión de los directores por ser autores. Hay pocas personas con capacidad para dirigir y para escribir al tiempo”.

El director Vicente Aranda es un veterano en la adaptación de novelas y tiene claro que tiene que haber una línea divisoria clara entre el autor y el cineasta. “Si el contrato con el autor dice que tiene que revisar lo que yo hago, no me interesa. Yo tengo que tener la libertad de hacer mi interpretación y ésa es la que voy a contar”, afirma rotundo. ¿Fidelidad a la obra original? “Eso es relativo. Hay que traicionar para ser fiel. Si no traicionas la novela no puedes serle fiel porque está escrita con unas coordenadas distintas a las del cine”.

Sus discrepancias con los autores de las novelas que ha adaptado han sido notorias. En La pasión turca, de Antonio Gala, el director consideró que la protagonista no tenía por qué suicidarse al final. Sin embargo, el autor insistía que en que era, como había escrito, inevitable. “Así que rodé dos finales, que son los que se pueden ver en DVD y en televisión cuando se pasa la película”. No sólo eso. Gala calificó el guión de “árbol sin hojas”. “Pero es que un guión no es literatura”, replica Aranda. “Es otra cosa, son telegramas enviados a técnicos y actores”.

Del novelista Juan Marsé, autor de Si te dicen que caí, otra adaptación de Aranda, recibió críticas por el excesivo erotismo de la película y, en el caso de Canciones de amor de Lolita’s Club, del mismo autor, el director hace autocrítica: “Fallaron dos cosas: la elección de los actores y que el pulso narrativo de la novela es malo y yo no fui capaz de levantarlo en la película”.

González-Sinde cree que a lo que hay que ser fiel cuando se lleva una novela al cine es no tanto a los acontecimientos como a las posiciones morales, a la forma de ver el mundo de los personajes. “Pero llega un momento en que tienes que guardar la novela en un cajón porque las herramientas de la literatura son tan opuestas a las del cine que puede ser mala consejera”. David Planell, que acaba de terminar su primer largo, La vergüenza, y trabaja en la adaptación de Un burka por amor, de Reyes Monforte, cree que el respeto a la literatura puede ser inútil para hacer una película: “Hay que ser respetuosos con la filosofía de la historia, pero a veces la estructura de la novela o el tratamiento de los personajes son inoperantes en cine”.

¿Qué diferencia la novela del guión? “En la obra el tiempo y el espacio son dominio del autor: lo que él resuelve en un párrafo, en cine pueden ser diez escenas o ninguna. No hay tanta libertad para ir hacia atrás y hacia adelante en el tiempo”, señala Manuel Gómez Pereira. Además están los diálogos, que en novelas muy narrativas como El juego del ahorcado deben ser inventados para el cine: “Partes de cero. Te tienes que acercar a los personajes desde su situación”. Pero en el paso de la novela al cine también hay algo que se gana: “Al escribir cuesta un mundo presentar a los personajes, pero el director coloca la cámara y ya está”, dice Guillermo Martínez.

Fuente: elpais.es

¿Cuánto sabes sobre el cine español?

Miércoles, 26 Noviembre, 2008

 

 

 

Que conoces a Penélope Cruz o a Javier Bardem no cabe duda, pero, ¿los conoces por tus conocimientos sobre cine o por tu apasionada visita a las revistas del corazón? Con este test pon a prueba tus conocimientos. Demuestra si sabes tanto cómo dices de cine español o sólo acudes a ver película extranjeras. Ojo, éste sólo es el fácil…

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Fuente:  entretenimiento.es.msn.com/tests/articulo.aspx?cp-documentid=10897948