Las lluvias y aportes de nutrientes podrían ser la causa también del incremento de las poblaciones de lubina y mújol.
Los afiliados a la Cofradía de Pescadores de San Pedro del Pinatar dicen no recordar que haya un dicho marinero que pueda explicar el año de bonanza que está viviendo el Mar Menor. «Este año ha sido excelente, sobre todo en capturas de langostino y lubina», afirma José Luis Pérez, Patrón Mayor de la Cofradía.
Tampoco las doradas se quedan atrás -«hace más de cinco años que la cosa va muy bien con la dorada», confirman uno tras otro los expertos que se encuentran en la lonja-, pero aseguran que la costa está plagada de alevines, «lo que garantizaría la bonanza en futuras temporadas», considera Miguel Ángel Martínez, de la Pescadería Miguel, en Santiago de la Ribera, y nieto del responsable de una de las primeras subastas de pescado que funcionaron en la zona.
También la población de mújol se ha recuperado. «En torno a 1987, tras las inundaciones, casi desapareció y lo que se pescaba eran ejemplares muy delgados. Ahora ha vuelto a recuperarse como antiguamente, con el sabor de antes», comenta Sinforoso Albaladejo, gerente de Hijos de Albaladejo García.
Precios de congelado
Tan bueno está siendo 2010 que el kilo del apreciado langostino del Mar Menor ha llegado a bajar hasta los 19 e/kg. (más iva y gastos), lo que ha permitido venderlo al público en plazas de Murcia a 25 e/kg., «pero los de talla más pequeña», apunta Pedro Vicente, subastador de la Cofradía, que añade que el precio más alto de este año ha sido de ochenta y pico e/kg. (más gastos), «cuando hace tres temporadas, un día de San Juan como hoy -recuerda Paco Lorenzo, del restaurante Lonja del Mar Menor, refiriéndose a ayer- se vendió a 240 e/kg».
Estos irrisorios precios para un manjar exquisito y de lujo se deben a los buenos resultados que están obteniendo los pescadores del Mar Menor. Así, si un día normal lo habitual es que lleguen a la subasta entre 20 y 30 kg. de langostino vivo, este año se han multiplicado las jornadas en las que se han subastado cerca de 200 kg. «En los 45 años que llevo yo en esto no recuerdo una temporada así», opina Sinforoso, que añade que «el hecho de que haya excedentes permite exportarlo, sobre todo a Italia, pero también a Francia y a Grecia, donde hay demanda».
El doble de bigotes
De hecho, la captura de langostinos, de buen tamaño, se ha duplicado esta primavera (una de las dos temporadas de pesca de esta especie) y todo parece indicar que cuando pase la campaña de otoño el número de kilos de langostino del Mar Menor que habrán sido consumidos en 2010 podría llegar a los 16.000 kg., si todo sigue como hasta ahora.
Otro tanto está pasando con la lubina, cuya época óptima de pesca son los meses de octubre, noviembre y diciembre, pero que de enero a ahora ya ha superado la cantidad de kilos pescados en las mismas fechas en 2009 y buena parte de los ejemplares pescados superan los 3 kilos y algunos llegan hasta los 5. «Yo he visto en mis años de pescador -empezó en el barco a los 12 años- lubinas de más de 7 kilos, eran igual de anchas que largas», comenta el Patrón Mayor y Paco Lorenzo cuenta que desde hace unos años se pesca la lubina con palangre (anzuelo) y cebo vivo. La lubina es la especie más voraz del Mar Menor, apunta Pedro Vicente. A este respecto, Julio Mas, investigador del Centro Oceanográfico de Murcia, comenta que la consecuencia puede ser que el nivel de depredación sea muy alto (son carnívoros secundarios), lo que podría mermar las poblaciones de mújol, bonito, dorada…
Aunque sin base científica, a todos estos hombres ligados al mar desde la niñez la experiencia les dice que un año de muchas lluvias suele favorecer luego la pesca de especies tradicionales en el Mar Menor como la dorada, el mújol, la lubina y el langostino, a la que este año se ha sumado el boquerón. «Es verdad que ha habido una buena campaña. pero como hay muchos, no han crecido todo lo que tenían que crecer», comenta Sinforoso, que regenta la única encañizada que queda en Europa, la del Mar Menor. «Siempre ha entrado boquerón en el Mar Menor, de hecho hay un arte de pesca que se llama boqueronera, pero es una especie que fluctúa mucho y que utiliza el Mar Menor como plataforma; así que depende mucho de la producción de plancton que haya en el mar. Si es buen año en el Mediterráneo, tenemos que pensar que lo será en el Mar Menor», explica Mas.
Bendita agua
Para Mas, las numerosas lluvias que se han producido este año es uno de los factores que influye en la producción de plancton, porque la laguna es el punto más bajo y hasta ella se filtran por las capas freáticas y también por las escorrentías nutrientes provenientes de los abonos de la agricultura, como las sales de nitrógeno y el fósforo. Estos nutrientes favorecen la producción de plancton, que sirve de alimento a los filtradores (medusas, ostras, berberechos) y a algunas especies de peces como el mujo. Y, a su vez, estos filtradores sirven de alimento a especies como la dorada, cuyas mandíbulas están dotadas en sus paladares (vómer) de una especie de tenaza que le permite triturar cangrejos y y conchas de moluscos. En definitiva, abundancia de alimento que favorece un incremento de las poblaciones.
El caso del langostino es distinto, aclara el investigador Julio Mas. «No tiene el ciclo cerrado en el Mar Menor y para la puesta necesita un choque de agua dulce. Por eso los caladeros famosos están cerca de las desembocaduras. En concreto, los del Mar Menor tienen su zona de puesta en Guardamar, derivan por la costa y entran al Mar Menor», explica Julio Mas, que considera que «parece bastante claro», que «el mayor aporte de agua dulce del río Segura ha atraído más población de langostino y ha dado lugar a una generación de langostinos más abundante… Aunque todo eso hay que comprobarlo, porque, como en todos los procesos ecológicos, el sistema no es tan lineal y menos en un ecosistema tan complejo como el Mar Menor».
Tan complicado es valorar todos los parámetros que influyen en la población de peces, crustáceos y moluscos del Mar Menor, que un exceso de plancton también podría perjudicar, porque produce contaminación de tipo orgánico. Por ejemplo, la ostra era un especie no documentada en los años 20 y 40 en la laguna, pero que una explosión demográfica trajo hasta el mar Chico llegando a constatarse colonias de más de 100 millones de ejemplares. Un descenso del plancton casi las extinguió. Hoy ostras y berberechos se han recuperado y «vuelve a haber suficiente plancton para mantener estas poblaciones. Pero una colonización de algas oreja de liebre han disminuido, a su vez, los fondos ideales para langostinos y mújoles», concluye Mas.
Fuente: laverdad.es/murcia